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domingo, 28 de septiembre de 2014

Personas asesinadas por Dios en la Biblia

Personas asesinadas por Dios en la Biblia (tabla con la lista completa y la estimación total)

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Dr. Shermer : patronicidad , agenciación

Formamos nuestras creencias por una variedad de razones subjetivas, personales, emocionales y psicológicos en el contexto de los ambientes creados por la familia, amigos, compañeros de trabajo, la cultura y la sociedad en general, después de la formación de nuestras creencias que a continuación,se procede a  defender, justificar y racionalizarlas con otras series de razones intelectuales, argumentos convincentes, y las explicaciones racionales. Las creencias son lo primero, las explicaciones de las creencias seguirán siempre.
El Dr. Shermer también ofrece la neurociencia detrás de nuestras creencias. El cerebro es un motor de la creencia. A partir de datos sensoriales que fluyen a través de los sentidos el cerebro naturalmente comienza a buscar y encontrar patrones, a continuación, infunde aquellos patrones con significado. El primer proceso el Dr. Shermer llama patronicidad : la tendencia a encontrar patrones significativos en los dos datos significativos y sin sentido. El segundo proceso que él llama agenciación (  : la tendencia a infundir a los patrones su significado, la intención, y la agencia.
diligencias necesarias para lograr una cosa:)
No podemos dejar de creer. Nuestros cerebros evolucionaron para conectar los puntos de nuestro mundo en patrones significativos que explican por qué suceden las cosas. Estos patrones significativos se convierten en creencias. Una vez que las creencias se forman el cerebro comienza a buscar y encontrar pruebas confirmatorias en apoyo de esas creencias, lo que añade un impulso emocional de la mayor confianza en las creencias y por lo tanto acelera el proceso de fortalecimiento de ellos, y vueltas y vueltas el proceso continúa de manera positiva bucle de realimentación de la confirmación de creencias. El Dr. Shermer describe las numerosas herramientas cognitivas que nuestros cerebros se dedican a reforzar nuestras creencias como verdades, y para asegurar que siempre tienen la razón.
Entrelazado con su teoría de la creencia, el doctor Shermer ofrece un sinnúmero de ejemplos del mundo real de las creencias de todos los ámbitos de la vida, y al final se demuestra por qué la ciencia es la mejor herramienta jamás diseñada para determinar si o no una creencia coincide con la realidad.
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Tu presencia (autora) MAJO

Tu presencia Ya no quiero seguir asi atormentada por tu sombra en mi niñez, una marca grabada a fuego una amenaza, un estigma que no deseo.. Vete de una vez de aqui si nunca has estado, solo imaginé tu voz en los susurros de mi soledad tus palabras tan dulces para otros pero,ausentes para mi.. Tu amor,solo soñe como manantial en el desierto como calma en la tempestad pero fuiste solo imaginación en mi vulnerable mente buscando mi identidad.. Y la canción se repite hablando de decepción y agonía sabiendo que si existes nunca me viste, cuando quise ser tuya sentí tu mirada esquiva.. Tu presencia se ha esfumado dejando el vacío en mi de algo que nunca fue mío, y seguiras respirando mi aire acechándome distante, Si sigues aqui,ya no me mires, que nunca has estado cuando en el llanto ahogada tu mano creí sentir en mi hombro imaginando tu apariencia solo pretendí tan inocente creer ilusionada, que sentía tu presencia... majo..16-12
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viernes, 26 de septiembre de 2014

el tratamiento hacia la mujer....

Este art.  me pareció sumamente interesante compartirlo. Porque fija justamente como la matriz de la inquicisión se mantiene aun vigente, en nuestra sociedad. El suplemento se puede bajar completo de internet. 
Es curioso como Onfray y Zafaroni desde distintos marcos teóricos, llegan a una misma hipótesis teórica sobre el tratamiento hacia la mujer, del que se aprovecha la religión. 
Pero, por otro lado, quiero decir que los discursos legitimantes del poder punitivo de la Edad Media están plenamente vigentes, hasta el punto de que la criminología nació como saber autónomo en las postrimerías del Medioevo y fijó una estructura que permanece casi inalterada y reaparece cada vez que el poder punitivo quiere liberarse de todo límite y desembocar en una masacre.
Cuando renació el poder punitivo, el obispo de Roma –el Papa– estaba deseoso de contener a todos los que pretendían comunicarse directamente con Dios al margen de su mediación o de la de sus dependientes. Para reforzar ese monopolio telefónico –y también para concentrar poder económico– estableció una jurisdicción, o sea, un cuerpo de jueces propios encargados de perseguir a los revoltosos, llamados herejes. Ese fue el tribunal del Santo Oficio o Inquisición romana, hoy Doctrina de la Fe cargo que ostentaba Ratzinger antes de su papado.La reaparición del poder punitivo y el surgimiento de la Inquisición cambiaron todo. Hasta ese momento, en los procesos de partes la verdad se establecía por las ordalías o pruebas de Dios. Los jueces anteriores a la vuelta del Digesto y a los inquisidores, eran en realidad árbitros deportivos, pues la ordalía más frecuente era el duelo. El que vencía era quien tenía razón, porque se invocaba a Dios y éste bajaba mágicamente convocado y se expresaba en el duelo, permitiendo ganar sólo al que tenía razón.
Los jueces no juzgaban sino que cuidaban que no hubiese fraude. El que decidía era Dios. Pueden imaginarse que esos jueces tenían una absoluta tranquilidad de conciencia.
Con las leyes romanas imperiales inyectadas por los juristas, la verdad pasó a establecerse por interrogación, por inquisitio. El imputado debía ser interrogado, y si no quería responder se le extraía la verdad por la violencia, la tortura. Para eso habían secuestrado a Dios y la ordalía se había vuelto innecesaria, pues ya Dios estaba siempre del lado del que ejercía la violencia. El poder tenía atado a Dios, porque siempre hacía el bien.
Según Foucault todo el saber adoptó el método del interrogatorio violento. Algo de eso parece haber si comparamos la inquisición con la vivisección, pero volvamos a lo nuestro. La Inquisición romana ejercía el poder de juzgar en toda Europa porque no había estados nacionales y los señores feudales no podían impedirlo, pese a que les molestaba.
En España, donde la sociedad ya tenía forma de ejército, el poder de la Inquisición no fue papal sino al servicio del rey, a diferencia del resto de Europa. Por eso la Inquisición española tiene una historia separada de la romana.
Con este instrumento, el Papa masacró rápidamente a unos cuantos herejes (los albigenses, los cátaros, etc.). También se juntó con los franceses para fritar a los templarios y repartirse sus riquezas, imputándoles que eran gays y tenían un ritual de
iniciación de sometimiento sexual, medio Eláter style. Pero pronto la Inquisición se quedó sin trabajo y sin enemigo, porque los había matado a todos.
Para justificar su brutal poder punitivo necesitaba un enemigo que tuviese más aguante, que fuese de mejor calidad. Así fue como apeló a un enemigo de muy buen material, que duró varios siglos: Satán, que en hebreo significa justamente enemigo.
Como era difícil explicar semejante poder sanguinario en el marco de una religión cuyo Dios no era guerrero, sino una víctima ejecutada en un instrumento de tortura propio del poder punitivo del Imperio Romano (equivalente a la silla eléctrica del siglo XX), era necesario inventarle un enemigo guerrero, y así Satán terminó siendo el comandante
en jefe de un ejército compuesto por legiones de diablos.
Para eso le vino muy bien la cosmovisión que casi diez siglos antes había imaginado San Agustín, que había vivido en el norte de Africa en el siglo IV y después de participar en cuanta fiesta pudo, cuando le bajaron las hormonas –y como antes había combinado  sus andanzas con el maniqueísmo– imaginó que había dos mundos enfrentados en forma de espejo: uno de Dios y otro de Satán, la ciudad de Dios y la del diablo. Ni grises ,sencillamente el Bien y el Mal
Ambas ciudades tenían equipos rivales: los del diablo se dedicaban al deporte de tentar a los de Dios porque éstos podían salvarse, en tanto que ellos, como ángeles caídos, estaban irremisiblemente condenados a ser destruidos en el juicio final y, por lo tanto, trataban de postergarlo y de bajar el número de salvables. No quedaba claro por qué no los destruyeron antes y era necesario esperar el juicio, pero no importa.
Lo cierto es que en ese mundo macizo pero perfectamente dividido no había posibilidad de neutralidad: o se estaba con Dios o con Satán. Todo lo que estaba fuera de la ciudad de Dios era dominio satánico, incluyendo los dioses paganos (y después lo serían las religiones de nuestros pueblos originarios).
Cabe aclarar que el pobre San Agustín no mató a nadie, sino que sólo armó ese discurso y como había muerto casi mil años antes de la Inquisición, se ahorró la pena de ver lo que se hacía con éste. Hubo otros ideólogos que tuvieron menos suerte y la vida les dio la oportunidad de quejarse y arrepentirse, viendo cómo usaban sus ideas. Agustín tuvo incluso destellos muy inteligentes, como el de enunciar la primera política de reducción de daños en materia de aborto.
Pero cuando el Papa se valió del invento agustiniano para perseguir todo lo que no se sometía a su poder y consagró la Inquisición a luchar contra Satán, como éste no aparecía por ningún lado, tuvo que agarrársela con algunos humanos y ya no le quedaban herejes. Por ende, la emprendió contra la mitad de la especie humana, contra las mujeres. Para eso se inventó la teoría del pacto satánico.
Satán no podía actuar solo, necesitaba la complicidad de humanos (no me pregunten por qué, porque no lo sé). Para eso había humanos que celebraban un pacto con el enemigo, con Satán. Era un contrato de compra-venta prohibido, pero que por su naturaleza sólo podían celebrarlo humanos inferiores, que eran las mujeres. ¿Por qué? Por razones
genéticas, biológicas: tenían un defecto de fábrica por provenir de una costilla curva del pecho del hombre, lo que contrastaba con la rectitud de éste (no sé tampoco dónde el hombre es recto, pero sigamos).
Por eso tienen menos inteligencia y por ende, menos fe. Lo ratificaban inventando que fémina proviene de fe y minus, o sea, menos fe (es mentira, pues femina viene del sánscrito, del verbo que significa amamantar).
Así fue como la Inquisición se dedicó a controlar a las mujeres díscolas y libró a la combustión a unos cuantos miles de ellas por brujas en casi toda Europa.
Pero el poder de Satán y sus muchachos fue muy estudiado y teorizado por los encargados de la Inquisición, que fueron los dominicos, orden fundada por Sto. Domingo de Guzmán, pero también conocidos como perros del Señor (canes del Dominus). Estos fueron los primeros criminólogos, como estudiosos de la etiología u origen del mal. Es claro que no se llamaron criminólogos sino demonólogos. Casi ningún criminólogo acepta ese origen, porque no es una buena partida de nacimiento; prefieren considerarse herederos del Iluminismo o incluso del siglo XIX y olvidar el nombre de los viejos demonólogos, a los que nadie menciona. Pero lo cierto es que nadie tiene la culpa de sus ascendientes.
Pero la demonología no dejó de crear contradicciones, porque los juristas –glosadores y posglosadores– habían tratado de sistematizar sus especulaciones  conforme a cierta lógica, que tomaban de la ética tradicional. Esto se debe a que en la medida en que se quiera dotar de alguna lógica interna al discurso legitimante del poder punitivo, surge un mínimo de límites, porque la necesidad no es infinita. Justamente, para eliminar esos límites creando una necesidad casi infinita y absoluta, fue que se autonomizó la criminología con el nombre de demonología.
Los juristas pretendían que la pena hacía pagar la deuda del delito. Si el crimen resultaba de una elección libre, había que retribuir el mal con el mal. La idea de culpa dominaba sus lucubraciones. Les recuerdo que culpa y deuda son sinónimos. El viejo Padrenuestro decía perdónanos nuestras deudas y no eran los pagarés que firmábamos, sino nuestras culpas. En alemán Schuld tiene también ese doble significado.
Esto ponía un pequeño límite a la pena, exigía cierta proporción con el reproche de la culpa.
Y como la mujer era inferior, era menos inteligente que el hombre, debía ser menos culpable y por ende merecer menos pena. Los juristas las consideraban como niñas, en permanente estado de inmadurez.
Pero los inquisidores no se atenían a la culpa, sino al grado de peligro que presentaban las brujas y Satán, que ponía en riesgo a la humanidad. Para los demonólogos había una emergencia gravísima y nada debía obstaculizar la represión preventiva. Aquí surgió una cuestión que hasta hoy no se solucionó:
¿La pena se fija por la culpa o por la peligrosidad?
Los penalistas siguen discutiendo la incoherencia con parches, mientras los jueces deciden lo que les parece.
Como vemos, la Edad Media está presente. En su tiempo esto se resolvió argumentando que el pacto satánico era un crimen más grave que el pecado original, porque en éste Adán y Eva habían sido engañados, pero el pacto con Satán se celebraba con voluntad plena, con conciencia del mal y, además, era una traición, nada menos que para la ciudad de Dios, con lo cual había que seguir la tradición germana.
Cabe hacer notar que los germanos eran más ecológicos, porque no dañaban los árboles, en vez los inquisidores quemaban su madera. Pero lo cierto es que este modelo marcó la estructura de todos los discursos posteriores legitimantes de masacres. Por eso será necesario detenerse en el análisis de esa estructura.

4. La estructura inquisitorial
Los demonólogos elaboraron un discurso muy bien armado para liberar a su poder punitivo de todo límite, en función de una emergencia desatada por Satán y sus muchachos en combinación con las chicas terrenas.
Por cierto que si alguien sostuviese hoy esta tesis sería irremisiblemente psiquiatrizado. Pero no podemos quedarnos en la anécdota, porque, aunque parezca mentira, la estructura demonológica se mantiene hasta el presente. Los discursos tienen una estructura y un contenido. Se trata de algo parecido a un programa de computación, supongamos que para alimentarlo con los libros de una biblioteca. Podemos cargar el programa con libros esotéricos y tendremos una biblioteca de esa naturaleza, pero también podemos vaciar su contenido y recargarlo con otros libros y tendremos bibliotecas de medicina, física, química, historia, o lo que sea. Pues bien: lo que permanece del discurso inquisitorial o demonológico no es el contenido, sino justamente el programa, la estructura.
A lo largo de los siglos se vació y se volvió a alimentar el mismo programa con otras informaciones, con datos de nuevas emergencias, creíbles según pautas culturales de cada momento: se dejó de creer en Satán y sus chicas, pero se creyeron otras cosas que hoy tampoco son creíbles, aunque se sigue alimentando el programa con datos que hoy son creíbles y mañana serán tan increíbles como Satán, sus legiones de diablos y sus muchachas.
Desde la inquisición hasta hoy se sucedieron los discursos con idéntica estructura: se alega una emergencia, como una amenaza extraordinaria que pone en riesgo a la humanidad, a casi toda la humanidad, a la nación, al mundo occidental, etc., y el miedo a la emergencia se usa para eliminar cualquier obstáculo al poder punitivo que se presenta como la única solución para neutralizarlo (...)

Informe 
gracias Cris
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qué es un valor


Un valor es una propiedad relacional entre deseo y el correspondiente objeto de deseo.(1) Los deseos sí existen.(2) Son motivos para actuar.(3) Objetivamente, se determina como pro-social en la medida que se refiere a una situación concreta, y ésta se demuestra socialmente deseable.(4)

Por ejemplo, si la situación en que ninguno miente se corrobora como deseable por todos, entonces la honestidad se evidencia como un valor pro-social.(5) Los valores sociales provienen de las interacciones sociales.(6)

valores enaltecidos

La idealización religiosa de un valor lo enaltece, volviéndolo un marco de referencia intocable para evaluar situaciones futuras. El proceso de enaltecimiento religioso apunta a entronizarlo en una vitrina fija de incuestionabalidad, que a su vez es racionalizada por suposiciones de superioridad, de deseabilidad, etc... El enaltecimiento del valor lo separa del flujo de situaciones, deseos y acción humanas que lo originaron en un principio.

El enaltecimiento de un valor implica que el enaltecedor ha fijado la deseabilidad de tal o cual situación para siempre. Esto delata la soberbia del enaltecedor de prescindir de revisar su valoración original a la luz de nuevos hechos relevantes: a saber los deseos de otros por venir y nuevas situaciónes relevantes impensadas en el momento de la valoración original, etc...



entronización de normas

Si bien a nivel instintivo la justificación de un un valor por apelaciones a un supuesto poder superior parece atractiva, bajo la lupa crítica resulta contraproducente.

Un proceso justificativo basado en suposiciones infundadas permite la arbitrariedad, porque no tiene necesidad de adecuarse a los hechos relevantes. Tal proceso arbitrario puede avalar cualquier valor y norma correspondiente, sin importar los hechos. El sentimiento de certeza resultante es sin mérito.

En síntesis, una justificación arbitraria puede lograr el cumplimiento externo, pero difícilmente logra la internalización de la norma y valor subyacente. Una cosa es acatar una norma como una forma de lidiar con la autoridad(7), o medio de salvación; otra es internalizarla y practicarla, habitualmente, por cuenta propia.(8)

Los pasos adicionales de enaltecer los valores y normas, entronizarlos con un sello de incuestionabilidad y alegar derivarlos de la autoridad de Dios, ni se necesitan –ni se justifican. Más bien resultan contraproducentes, complicando tanto la internalización como la implementación de normas.

normas prácticas

Para implementar una norma, la internalización del valor subyacente da mejores resultados que sólo cumplir externamente.(9) Una determinación de deseabilidad social, basada en hechos relevantes, agiliza la internalización, porque es transparente. Asimismo, una norma correspondiente, justificada en hechos relevantes, es creíble porque los hechos son corroborables. Cabe reiterar que los deseos de todos los involucrados son hechos relevantes a la determinación de un valor pro-social y justificación de una norma correspondiente.(10)
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jueves, 25 de septiembre de 2014

España, ahora sí, ha dejado de ser católica

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

PSIQUIATRAS PREPARAN TERRENO PARA DECLARAR LA RELIGIÓN UNA ENFERMEDAD MENTAL

En un reciente artículo de la revista Time se entrega una visión acerca de los daños que podría causar la religiosidad.
La religión puede ser una fuente de consuelo que mejora el bienestar. Sin embargo, algunos tipos de religiosidad podrían ser una señal de problemas más profundos de la salud mental.
Al ver a sus hijos orar con más ganas que de jugar videojuegos, la mayoría de los padres gritarían: “¡Aleluya” o cualquiera que sea su expresión de alegría. Y deberían. La investigación muestra que la religión puede ser una fuerza positiva en la vida de los niños, al igual que lo puede ser para los adultos.
“La religión“, dice Bill Hathaway, una psicóloga clínica de la religión y Decano de la Facultad de Psicología y Consejería en la Universidad Regent, “tiene que ver con que el niño tenga un mayor sentido de autoestima, un mejor ajuste académico y menores tasas de abuso de sustancias y comportamiento delictivo o criminal.”
Así que si su niño está inmerso en las Escrituras después de la escuela y ora con regularidad durante todo el día, puede respirar un suspiro de alivio. Es un buen chico. Mi hijo está bien.
O tal vez no… La devoción de su hijo puede ser algo grande, pero hay algunos niños cuyos ritos religiosos necesitan una mirada más profunda.
Para estos niños, una práctica con exceso de celo de su fe familiar – o incluso de otra fe – puede ser un signo de un problema de salud mental subyacente o un mecanismo de defensa para lidiar con el trauma o el estrés sin dirección.
Los terapeutas privados informan que están viendo a niños y adolescentes a través de una serie de creencias religiosas cuya práctica puede ser problemática. La cantidad de tiempo que dedican a la oración, o a otros actos de la práctica espiritual, no es tan importante, dicen, como la calidad de esta devoción, y si ayuda a los niños o lugar de ello los aíslan y debilitan su trabajo escolar y sus relaciones. Los niños con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), por ejemplo, rígidamente pueden repetir versos sagrados, por ejemplo el Ave María o centrarse en otros rituales menos por un sentido más profundo de su fe, sino más bien como una expresión de su trastorno. “Parece positivo, pero podría ser negativo”, dice Stephanie Mihalas, profesor de la UCLA y psicólogo clínico licenciado.
Tal comportamiento ritualista, dice, también puede reflejar la manera de un niño de hacer frente a la ansiedad, y en realidad no podía ser más espiritual que el lavado de manos fanático o el temor a caminar sobre las grietas de las baldosas de la calle. “Estos niños temen que si no obedecen sus reglas religiosas perfectamente”, explica Carole Lierberman, MD, un psiquiatra de Beverly Hills, “Dios les castigará”.
Algunos niños sufren de escrupulosidad, una forma del trastorno obsesivo compulsivo que implica un sentimiento de culpa y vergüenza. Las víctimas se preocupan obsesivamente de que han cometido blasfemia, han sido impuros o han pecado de otra manera. Ellos tienden a concentrarse en ciertas reglas o rituales en lugar de en la totalidad de su fe. Se preocupan de que Dios no los perdonará. Y esto puede señalar el inicio de la depresión o la ansiedad, dice John Duffy, un psicólogo clínico del área de Chicago que se especializa en adolescentes. “Los niños que han cometido “errores” con el sexo o el consumo de drogas”, dice, “pueden tener dificultad para perdonarse a sí mismos”.
Tal meticulosidad con las prácticas religiosas no parece tan dañina, pero los comportamientos extremos, como los delirios o alucinaciones pueden ser un signo de enfermedad mental grave. Al ver y escuchar cosas que no están allí pueden ser síntomas de psicosis maníaco-depresiva, trastorno bipolar o esquizofrenia de inicio temprano. Pero los padres pueden estar menos en sintonía con tal comportamiento poco saludable cuando se produce bajo el pretexto de la fe.
No es raro que los niños de familias en las que la discordia marital, la dura disciplina, el abuso o la adicción están presentes, realicen rituales de protección. Si saben que sus padres aprueban la religión, dice Lieberman, “se trata de ser niños buenos y permanecer por debajo del radar del cáos de la familia o de la rabia de los padres. O, como Mihalas ha visto, algunos niños incluso empujan a sus ya practicantes padres a ser aún más estrictos, por temor a que la catástrofe golpee si no.
¿Cuándo levanta estas banderas rojas la religiosidad? La prueba fundamental se centra en cómo los niños están funcionando en el resto de sus vidas. ¿Están haciéndolo bien en la escuela, practican deportes o música, se socializan con amigos? Si es así, entonces su fe es probablemente una fuente de fortaleza y capacidad de recuperación. Si, parece que las prácticas religiosas y rituales pueden haberse adueñado de su vida cotidiana, y desplazado sus actividades normales, los expertos sugieren tomar medidas para comprender lo que está provocando que se centren en la fe.


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jueves, 18 de septiembre de 2014

Si... correcta apreciación pero padecen de autoinmunidad debido a intrincadas leyes en este país, con rango constitucional como entidades de bién público( idem municipalidades) .Debe conocer el destino , de quienes separados de sus padres asesinados en cautiverio , fueron dados en adopción(1976/1982 al menos fue citado por la justicia argentina en varias oportunidades, el rebaño a los que uds. aluden , necesitan legitimar su voluntad de acción comunitarias y apelan a la buena voluntad del susodicho. .En realidad , como ateo comprometido, hasta parece utópico reclamar castigo a pedófilos o delitos de lesa humanidad a las bárbaras acciones del Catolicismo.
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lunes, 14 de enero de 2013

1.100 millones de descreídos


1.100 millones de descreídos

Un 16% no se identifica con ninguna religión, el tercer grupo tras cristianos y musulmanes


Algo más de 16 de cada 100 habitantes del mundo, exactamente 16,3, no se identifican con ninguna de las religiones existentes. Son el tercer grupo de población en el paisaje religioso global que ha diseñado el think tank estadounidense Pew Center. Se trata de un mapamundi con el tamaño y la distribución de decenas de confesiones que van desde el cristianismo o el islam —las dos principales, en ese orden— hasta los zoroástricos (o parsis), los jainistas y los seguidores de Tenrikyo, la secta más influyente de Japón, pasando por yazidíes, rastafaris o cienciólogos: en el informe Pew hay sitio para todos.
Los 1.100 millones de descreídos que hay en el mundo, casi tantos como católicos, no son necesariamente ateos, subraya el estudio, sino simplemente individuos que pueden albergar sentimientos espirituales o de trascendencia pero no se identifican con ninguno de los sistemas existentes. “Los límites entre creyentes, personas que se adhieren a los dogmas, los aceptan, y religiosos, gente con sentimientos espirituales o una cierta dimensión de profundidad, son difusos”, señala el teólogo y filósofo Manuel Fraijó, que imparte Historia de las Religiones en la UNED. Abunda en la idea Juan José Tamayo, teólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid: “Se trata de una desafección institucional; no supone una renuncia a las creencias, la experiencia religiosa personal o las opciones éticas. Ese 16% de desafectos institucionales pueden experimentar sentido de la trascendencia, espiritualidad, actitudes religiosas y valores éticos de manera espontánea y gratuita, es decir, al margen de las instituciones, que son el fracaso de la religión porque dogmatizan mensajes éticos y los mercantilizan”.
El estudio del Pew Forum on Religion & Public Life, que refleja el estado de la cuestión en 2010 y se basa en el análisis de más de 2.500 censos, investigaciones y registros de población, arroja los siguientes datos: los cristianos son mayoría en el mundo, el 31,5% de la población (2.200 millones, la mitad de ellos católicos), seguidos de cerca por los musulmanes (23,2%, 1.600 millones). Tras lo que el informe denomina “no afiliados” aparecen los siguientes grupos: hindúes (15% de la población mundial, o 1.000 millones); budistas (7,1%, 500 millones); seguidores de religiones populares (africanas o de tribus chinas, indios americanos y aborígenes australianos), el 5,9%, o 400 millones; otras religiones (taoísmo, sintoísmo, parsis, sijs, bahai’s, jainistas, seguidores de Tenrikyo, etcétera), el 0,8% (58 millones), y, finalmente, judíos, que solo suponen el 0,2% de la población mundial (14 millones, repartidos casi a partes iguales entre EE UU y Oriente Medio, es decir, Israel).
Aunque el informe Pew no precisa si los “no adscritos” son desencantados de alguna fe o si esta es su primera opción, Fraijó aventura la procedencia de parte de ellos: “Del islam no se sale nadie, porque es una forma de vida; salirse implica abandonar la sociedad. Pero del cristianismo sí se van muchos, hay una secularización muy fuerte. La religión donde más movimiento hay en Europa es el cristianismo”. Un ejemplo: del 18% de españoles sin adscripción religiosa, según un estudio de 2008 de la Fundación Bertelsmann, “el 87% de ellos habían tenido una educación católica”, subraya Fraijó. “Independientemente de lo que diga el informe, yo creo que el mayor grado de desafección se produce en Occidente y, más concretamente, en el catolicismo, una religión con una estructura jerárquica patriarcal inamovible”, coincide Tamayo.
Sin embargo, la distribución geográfica del grupo de no religiosos —son mayoría en China, República Checa, Estonia, Hong Kong, Japón y Corea del Norte, países en apariencia inconexos y ajenos a la tradición cristiana— no parece corroborar la desviación de la que hablan ambos expertos. “En China ha habido un abandono masivo del confucionismo, que es visto como la religión de los funcionarios, los políticos y las ciudades, más que del taoísmo, la religión del campo”, explica Fraijó, en alusión a la vertiginosa transformación socioeconómica del gigante asiático en los últimos lustros. “Japón, por su parte, es muy refractario a las conversiones: pese a la importante presencia de los jesuitas en el país desde hace siglos, solo un 1% de la población se ha convertido al cristianismo”, puntualiza.
Del mapamundi de Pew puede inferirse que la región de Asia-Pacífico es la reserva espiritual del planeta: varios grupos tienen allí una poderosa presencia, incluida la aplastante mayoría de hindúes y budistas, con una población cercana al 90% del total. Paradójicamente, tres cuartas partes de los “no afiliados” (76%) también se concentran en esa región, y solo en China son 700 millones (dos veces la población de EE UU).
Aunque la cristiana es la comunidad más dispersa geográficamente —está presente en todos los continentes—, el estudio de Pew señala que tres cuartas partes de la población mundial —el 73%— viven en países donde su confesión es mayoritaria, en especial hindúes y cristianos; estos últimos se concentran además en los 157 Estados donde son mayoría. Un nada desdeñable 27% de los seres humanos pertenecen a minorías religiosas en los países donde viven, como los cristianos de Oriente Medio o los musulmanes en Europa, lo que a menudo es fuente de fricciones sectarias-políticas con la comunidad dominante, como demuestra el caso de Egipto o Siria.
Por tramos de edad, la religión con mayor número de seguidores jóvenes es el islam (23 años de media), frente a los judíos, que con 36 años son los mayores de los ocho grandes grupos estudiados. El informe no precisa la edad media del creyente católico, solo la del cristiano: 30 años, un promedio que la pujanza de las confesiones evangélicas en América Latina, África y, en menor medida, en el Este de Europa rebaja al catolicismo tradicional en el Viejo Continente.
“Las religiones ganan por goleada a Dios”
“Hay unas 10.000 religiones en el mundo. Podríamos decir que las religiones están ganando por goleada a Dios”, explica gráficamente Manuel Fraijó, catedrático de Filosofía Moral y Política de la UNED. La frase tal vez ayude a explicar por qué en el estudio de Pew figuran, junto a confesiones milenarias como el sintoísmo o el sijismo, o la amenazada comunidad parsi —cuyos ritos funerarios corren peligro por la contaminación y la disminución del número de buitres—, creencias tan curiosas y bisoñas como la wicca, una religión neopagana fundada en la primera mitad del siglo XX y que muchos relacionan con la brujería, o la discutida Cienciología. O infinidad de religiones tradicionales y paganas (animistas, totémicas, etcétera), que conforman nada menos que el 6% mundial (las profesan 400 millones de personas). EL PAÍS contactó por correo electrónico con Pew para preguntar la inclusión de creencias como la wicca o los rastafaris, pero no recibió respuesta.
“En muchas zonas, las religiones se identifican con los sistemas filosóficos tradicionales que permean la civilización correspondiente; de ese sustrato tan enraizado también es difícil salirse. Pero el abandono de la religión ha perdido dramatismo. Se pasa de la creencia a la increencia sin traumas, ya no hay una guerra fría entre teísmo y ateísmo”, explica Fraijó. Decía Hegel que lo importante no es ser creyente o no serlo, sino tener lucidez al respecto, pero si la claridad del razonamiento lleva a querer romper oficialmente el vínculo con la comunidad, el deseo se convierte a veces en pesadilla: la apostasía es una tarea ardua en España. Sin embargo, más de 100.000 católicos apostataron en Austria y Alemania en 2010 tras los escándalos de los abusos a menores por representantes de la Iglesia.
La diferencia generacional tiene su traslación en las creencias. Mientras los no creyentes tienen una edad media de 32 años en el mundo, entre los españoles, los jóvenes en torno a 20 años casi triplican a los mayores de 60: un 24% frente al 9%, según el estudio Bertelsmann. “En el grupo de no adscritos crece proporcionalmente el porcentaje de gente joven”, subraya Fraijó.
Fuente: Pew Research Center. / EL PAÍS



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ELEVACION ESPIRITUAL

…La elevación espiritual no garantiza una evolución, digamos, “uniforme”. Todos conocemos casos de seres cuyas enseñanzas dibujan una sabiduría indudable, peroque sus acciones, a veces, desmienten en toda regla. La vieja regla del “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” parece una tentación bastante peligrosa.

Dentro de cada persona habría diferentes “líneas de desarrollo”, que no serían sino un sistema de múltiples inteligencias o capacidades que se hayan permanentemente disponibles para todos, y que están más o menos desarrolladas en cada individuo.

Existen diferentes “líneas” de crecimiento representando diferentes capacidades que van desarrollándose desde los estadíos prepersonales, hasta los personales y más allá. Por ejemplo: la línea del desarrollo ético, la línea del desarrollo emocional, la de las capacidades kinestésicas, la línea cognitiva, la espiritual, de la conciencia de la muerte, etc.
Estas líneas no se desarrollan en cada individuo de modo uniforme y parecen hacerlo de forma relativamente independiente unas de otras.

Para ejemplificar, pongamos por caso el de un individuo que ha desarrollado su línea de crecimiento lógico matemático de un modo postconvencional (un ingeniero) y que al mismo tiempo su línea de crecimiento moral no llega más que a niveles pre convencionales (un estafador). Coexisten así, diferentes niveles de desarrollo en un mismo individuo.
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domingo, 23 de diciembre de 2012

Bienvenidos





No tengo mucha vida social.
Definirme como tipo solitario sería exagerado, pero me aproximo bastante al perfil. Para estar bien, necesito muchos momentos de soledad.

Pero este verano, acompañé a mi familia a la invitación de unos amigos.
Estábamos de pie, en el salón de su apartamento. Entre las piernas de los adultos pasaba la niña de la casa, de unos cinco o seis años, y a cada persona que le prestaba atención le contaba lo mismo: «soy un hada madrina». Iba disfrazada de ello. Con su varita mágica y todo.
Por supuesto, todos teníamos para ella unas palabras agradables, del tipo: «¡pero qué hada madrina tan guapa!

¡Qué grandísimo cretino hubiese sido aquel o aquella de entre nosotros que le hubiese dicho: «No, no eres un hada madrina, eres una niña jugando. Tu varita mágica no hace ningún efecto. Y la ropa es sólo un disfraz; nada más. Puedes pronunciar todas las palabras mágicas que quieras, pero no conseguirás nada. Eres tan sólo una niña. Además, las hadas madrinas no existen!»

¿Por qué les hablo de esa situación social corriente? Y, sobre todo, ¿por qué les cuento mi divagar sobre lo que alguien podría haberle dicho a la niña, ante el asombro de todos, algo que, afortunadamente, no sucedió?
Pues, porque algunos quieren hacernos creer que el silencio que se nos pide a los ateos es como ése que todos guardamos cuando una niña nos dice que es un hada madrina, o cuando un niño nos dice que es un coche, con los brazos agarrando un volante imaginario, brom, brom, brom... «¡Qué ganas de decirle a la gente que su dios no existe!, ¡Que cada uno crea lo que quiera! ¡Dejen en paz!». Son comentarios que he tenido que leer o escuchar al menos una decena de ocasiones, últimamente. Y se trataría de comentarios razonables, si en nuestros países el laicismo se respetara.
Si las creencias religiosas formaran parte de la esfera privada de cada uno, si esas creencias se quedaran en las reuniones des sus fieles, en sus iglesias, en sus congregaciones... yo estaría de acuerdo con ese comentario: ¡que cada uno crea lo que quiera!

Y si, ante una desgracia familiar, alguien me dice: «lo único que me tranquiliza es saber que mi marido, mi madre, mi hija... está con Dios», yo no seré tan desalmado como para contestarle a esa persona: «no, no eres un coche»; «no, no eres un hada madrina»; «no, tu dios no existe».
Los dioses juegan ese papel de servir de consuelo, de alivio para mucha gente... Y creo que así ha de seguir siendo... Que las personas puedan acudir a sus iglesias, a sus mezquitas, a sus sinagogas... en busca de sus consuelos.

Pero el asunto no es tan sencillo... Las hadas madrinas y los coches imaginarios no tienen ningún peligro. ¿Para qué decirles a esos niños la verdad? ¿Qué sacaríamos fastidiándoles sus juegos, bombardeando su maravillosa capacidad de imaginar?
Por el contrario, las creencias religiosas, ésas que constantemente se salen de la esfera privada para invadirnos a todos, sí tienen peligro. El  gran problema con las religiones es que acaparan espacios que van mucho más allá de los consuelos metafísicos...

El Islam no sólo ofrece alivio espiritual en las mezquitas, sino que los imanes pretenden imponer a las mujeres sumisiones que en Europa ha costado mucho superar. Las mujeres en Arabia Saudí no pueden conducir. Son varios los lugares del mundo dominados por integristas en los que las niñas tienen prohibido ir al colegio. Y no olvidemos que la gran aspiración de muchos musulmanes es extender sus dogmas por el mundo.

Los jerarcas del catolicismo escudan a violadores de niños. Sí, ya sé que queda menos ofensivo llamarlos pedófilos, pero, en este caso, no me apetece suavizar mi tono. Se trata de violadores. Y los protegen. Los envían a monasterios apartados, en un intento de que el mundo se olvide de ellos. Les castigan sin postre, pobrecitos pecadores. Les amparan, les libran de la cárcel, con el pueril argumento de que ya se las apañarán con Dios.
¡Muy útil, eso de compartir padre imaginario con gente poderosa! Y no me sirve que, para defender su institución, los católicos de buena fe me digan que se trata de casos excepcionales, que la mayoría de sacerdotes católicos no hacen esas barbaridades. No se trata de eso. Se trata de que los que lo hayan hecho, pocos o muchos, tengan que vérselas con un juez. Uno real.

Nuestros concejales, ministros, presidentes de gobierno, jueces, juran su cargo sobre la Biblia y ante un crucifijo. De acuerdo, comparado con los dos puntos anteriores, éste parece menos grave. Pero, muchas veces, ¡los simbolismos son tan importantes!
Señores creyentes, ¿qué pensarían si, a pesar de ser evidente para ustedes que los superhéroes son fruto de la imaginación humana, la mayoría de la población creyera en ellos y vieran jurar a sus dirigentes sobre un cómic y ante un frasco de criptonita?... «¿Estamos todos locos o qué sucede?», se dirían. ¡Que guarden sus creencias para sus reuniones privadas de admiradores, por favor!

En definitiva, ¿por qué no dejar que cada cual crea lo que quiera tranquilamente?
            Pues porque, de creencias irracionales sin aparente peligro, es de donde, por extensión, acaban naciendo los fanatismos insensatos.
            Y porque las instituciones religiosas tienden a crear y a querer imponer  sus propias reglas de juego, al margen de las reglas civiles.

Así que: sí, que cada cual crea lo que quiera... pero en su iglesia.
OK
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