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domingo, 28 de septiembre de 2014

Personas asesinadas por Dios en la Biblia

Personas asesinadas por Dios en la Biblia (tabla con la lista completa y la estimación total)

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Dr. Shermer : patronicidad , agenciación

Formamos nuestras creencias por una variedad de razones subjetivas, personales, emocionales y psicológicos en el contexto de los ambientes creados por la familia, amigos, compañeros de trabajo, la cultura y la sociedad en general, después de la formación de nuestras creencias que a continuación,se procede a  defender, justificar y racionalizarlas con otras series de razones intelectuales, argumentos convincentes, y las explicaciones racionales. Las creencias son lo primero, las explicaciones de las creencias seguirán siempre.
El Dr. Shermer también ofrece la neurociencia detrás de nuestras creencias. El cerebro es un motor de la creencia. A partir de datos sensoriales que fluyen a través de los sentidos el cerebro naturalmente comienza a buscar y encontrar patrones, a continuación, infunde aquellos patrones con significado. El primer proceso el Dr. Shermer llama patronicidad : la tendencia a encontrar patrones significativos en los dos datos significativos y sin sentido. El segundo proceso que él llama agenciación (  : la tendencia a infundir a los patrones su significado, la intención, y la agencia.
diligencias necesarias para lograr una cosa:)
No podemos dejar de creer. Nuestros cerebros evolucionaron para conectar los puntos de nuestro mundo en patrones significativos que explican por qué suceden las cosas. Estos patrones significativos se convierten en creencias. Una vez que las creencias se forman el cerebro comienza a buscar y encontrar pruebas confirmatorias en apoyo de esas creencias, lo que añade un impulso emocional de la mayor confianza en las creencias y por lo tanto acelera el proceso de fortalecimiento de ellos, y vueltas y vueltas el proceso continúa de manera positiva bucle de realimentación de la confirmación de creencias. El Dr. Shermer describe las numerosas herramientas cognitivas que nuestros cerebros se dedican a reforzar nuestras creencias como verdades, y para asegurar que siempre tienen la razón.
Entrelazado con su teoría de la creencia, el doctor Shermer ofrece un sinnúmero de ejemplos del mundo real de las creencias de todos los ámbitos de la vida, y al final se demuestra por qué la ciencia es la mejor herramienta jamás diseñada para determinar si o no una creencia coincide con la realidad.
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Tu presencia (autora) MAJO

Tu presencia Ya no quiero seguir asi atormentada por tu sombra en mi niñez, una marca grabada a fuego una amenaza, un estigma que no deseo.. Vete de una vez de aqui si nunca has estado, solo imaginé tu voz en los susurros de mi soledad tus palabras tan dulces para otros pero,ausentes para mi.. Tu amor,solo soñe como manantial en el desierto como calma en la tempestad pero fuiste solo imaginación en mi vulnerable mente buscando mi identidad.. Y la canción se repite hablando de decepción y agonía sabiendo que si existes nunca me viste, cuando quise ser tuya sentí tu mirada esquiva.. Tu presencia se ha esfumado dejando el vacío en mi de algo que nunca fue mío, y seguiras respirando mi aire acechándome distante, Si sigues aqui,ya no me mires, que nunca has estado cuando en el llanto ahogada tu mano creí sentir en mi hombro imaginando tu apariencia solo pretendí tan inocente creer ilusionada, que sentía tu presencia... majo..16-12
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viernes, 26 de septiembre de 2014

el tratamiento hacia la mujer....

Este art.  me pareció sumamente interesante compartirlo. Porque fija justamente como la matriz de la inquicisión se mantiene aun vigente, en nuestra sociedad. El suplemento se puede bajar completo de internet. 
Es curioso como Onfray y Zafaroni desde distintos marcos teóricos, llegan a una misma hipótesis teórica sobre el tratamiento hacia la mujer, del que se aprovecha la religión. 
Pero, por otro lado, quiero decir que los discursos legitimantes del poder punitivo de la Edad Media están plenamente vigentes, hasta el punto de que la criminología nació como saber autónomo en las postrimerías del Medioevo y fijó una estructura que permanece casi inalterada y reaparece cada vez que el poder punitivo quiere liberarse de todo límite y desembocar en una masacre.
Cuando renació el poder punitivo, el obispo de Roma –el Papa– estaba deseoso de contener a todos los que pretendían comunicarse directamente con Dios al margen de su mediación o de la de sus dependientes. Para reforzar ese monopolio telefónico –y también para concentrar poder económico– estableció una jurisdicción, o sea, un cuerpo de jueces propios encargados de perseguir a los revoltosos, llamados herejes. Ese fue el tribunal del Santo Oficio o Inquisición romana, hoy Doctrina de la Fe cargo que ostentaba Ratzinger antes de su papado.La reaparición del poder punitivo y el surgimiento de la Inquisición cambiaron todo. Hasta ese momento, en los procesos de partes la verdad se establecía por las ordalías o pruebas de Dios. Los jueces anteriores a la vuelta del Digesto y a los inquisidores, eran en realidad árbitros deportivos, pues la ordalía más frecuente era el duelo. El que vencía era quien tenía razón, porque se invocaba a Dios y éste bajaba mágicamente convocado y se expresaba en el duelo, permitiendo ganar sólo al que tenía razón.
Los jueces no juzgaban sino que cuidaban que no hubiese fraude. El que decidía era Dios. Pueden imaginarse que esos jueces tenían una absoluta tranquilidad de conciencia.
Con las leyes romanas imperiales inyectadas por los juristas, la verdad pasó a establecerse por interrogación, por inquisitio. El imputado debía ser interrogado, y si no quería responder se le extraía la verdad por la violencia, la tortura. Para eso habían secuestrado a Dios y la ordalía se había vuelto innecesaria, pues ya Dios estaba siempre del lado del que ejercía la violencia. El poder tenía atado a Dios, porque siempre hacía el bien.
Según Foucault todo el saber adoptó el método del interrogatorio violento. Algo de eso parece haber si comparamos la inquisición con la vivisección, pero volvamos a lo nuestro. La Inquisición romana ejercía el poder de juzgar en toda Europa porque no había estados nacionales y los señores feudales no podían impedirlo, pese a que les molestaba.
En España, donde la sociedad ya tenía forma de ejército, el poder de la Inquisición no fue papal sino al servicio del rey, a diferencia del resto de Europa. Por eso la Inquisición española tiene una historia separada de la romana.
Con este instrumento, el Papa masacró rápidamente a unos cuantos herejes (los albigenses, los cátaros, etc.). También se juntó con los franceses para fritar a los templarios y repartirse sus riquezas, imputándoles que eran gays y tenían un ritual de
iniciación de sometimiento sexual, medio Eláter style. Pero pronto la Inquisición se quedó sin trabajo y sin enemigo, porque los había matado a todos.
Para justificar su brutal poder punitivo necesitaba un enemigo que tuviese más aguante, que fuese de mejor calidad. Así fue como apeló a un enemigo de muy buen material, que duró varios siglos: Satán, que en hebreo significa justamente enemigo.
Como era difícil explicar semejante poder sanguinario en el marco de una religión cuyo Dios no era guerrero, sino una víctima ejecutada en un instrumento de tortura propio del poder punitivo del Imperio Romano (equivalente a la silla eléctrica del siglo XX), era necesario inventarle un enemigo guerrero, y así Satán terminó siendo el comandante
en jefe de un ejército compuesto por legiones de diablos.
Para eso le vino muy bien la cosmovisión que casi diez siglos antes había imaginado San Agustín, que había vivido en el norte de Africa en el siglo IV y después de participar en cuanta fiesta pudo, cuando le bajaron las hormonas –y como antes había combinado  sus andanzas con el maniqueísmo– imaginó que había dos mundos enfrentados en forma de espejo: uno de Dios y otro de Satán, la ciudad de Dios y la del diablo. Ni grises ,sencillamente el Bien y el Mal
Ambas ciudades tenían equipos rivales: los del diablo se dedicaban al deporte de tentar a los de Dios porque éstos podían salvarse, en tanto que ellos, como ángeles caídos, estaban irremisiblemente condenados a ser destruidos en el juicio final y, por lo tanto, trataban de postergarlo y de bajar el número de salvables. No quedaba claro por qué no los destruyeron antes y era necesario esperar el juicio, pero no importa.
Lo cierto es que en ese mundo macizo pero perfectamente dividido no había posibilidad de neutralidad: o se estaba con Dios o con Satán. Todo lo que estaba fuera de la ciudad de Dios era dominio satánico, incluyendo los dioses paganos (y después lo serían las religiones de nuestros pueblos originarios).
Cabe aclarar que el pobre San Agustín no mató a nadie, sino que sólo armó ese discurso y como había muerto casi mil años antes de la Inquisición, se ahorró la pena de ver lo que se hacía con éste. Hubo otros ideólogos que tuvieron menos suerte y la vida les dio la oportunidad de quejarse y arrepentirse, viendo cómo usaban sus ideas. Agustín tuvo incluso destellos muy inteligentes, como el de enunciar la primera política de reducción de daños en materia de aborto.
Pero cuando el Papa se valió del invento agustiniano para perseguir todo lo que no se sometía a su poder y consagró la Inquisición a luchar contra Satán, como éste no aparecía por ningún lado, tuvo que agarrársela con algunos humanos y ya no le quedaban herejes. Por ende, la emprendió contra la mitad de la especie humana, contra las mujeres. Para eso se inventó la teoría del pacto satánico.
Satán no podía actuar solo, necesitaba la complicidad de humanos (no me pregunten por qué, porque no lo sé). Para eso había humanos que celebraban un pacto con el enemigo, con Satán. Era un contrato de compra-venta prohibido, pero que por su naturaleza sólo podían celebrarlo humanos inferiores, que eran las mujeres. ¿Por qué? Por razones
genéticas, biológicas: tenían un defecto de fábrica por provenir de una costilla curva del pecho del hombre, lo que contrastaba con la rectitud de éste (no sé tampoco dónde el hombre es recto, pero sigamos).
Por eso tienen menos inteligencia y por ende, menos fe. Lo ratificaban inventando que fémina proviene de fe y minus, o sea, menos fe (es mentira, pues femina viene del sánscrito, del verbo que significa amamantar).
Así fue como la Inquisición se dedicó a controlar a las mujeres díscolas y libró a la combustión a unos cuantos miles de ellas por brujas en casi toda Europa.
Pero el poder de Satán y sus muchachos fue muy estudiado y teorizado por los encargados de la Inquisición, que fueron los dominicos, orden fundada por Sto. Domingo de Guzmán, pero también conocidos como perros del Señor (canes del Dominus). Estos fueron los primeros criminólogos, como estudiosos de la etiología u origen del mal. Es claro que no se llamaron criminólogos sino demonólogos. Casi ningún criminólogo acepta ese origen, porque no es una buena partida de nacimiento; prefieren considerarse herederos del Iluminismo o incluso del siglo XIX y olvidar el nombre de los viejos demonólogos, a los que nadie menciona. Pero lo cierto es que nadie tiene la culpa de sus ascendientes.
Pero la demonología no dejó de crear contradicciones, porque los juristas –glosadores y posglosadores– habían tratado de sistematizar sus especulaciones  conforme a cierta lógica, que tomaban de la ética tradicional. Esto se debe a que en la medida en que se quiera dotar de alguna lógica interna al discurso legitimante del poder punitivo, surge un mínimo de límites, porque la necesidad no es infinita. Justamente, para eliminar esos límites creando una necesidad casi infinita y absoluta, fue que se autonomizó la criminología con el nombre de demonología.
Los juristas pretendían que la pena hacía pagar la deuda del delito. Si el crimen resultaba de una elección libre, había que retribuir el mal con el mal. La idea de culpa dominaba sus lucubraciones. Les recuerdo que culpa y deuda son sinónimos. El viejo Padrenuestro decía perdónanos nuestras deudas y no eran los pagarés que firmábamos, sino nuestras culpas. En alemán Schuld tiene también ese doble significado.
Esto ponía un pequeño límite a la pena, exigía cierta proporción con el reproche de la culpa.
Y como la mujer era inferior, era menos inteligente que el hombre, debía ser menos culpable y por ende merecer menos pena. Los juristas las consideraban como niñas, en permanente estado de inmadurez.
Pero los inquisidores no se atenían a la culpa, sino al grado de peligro que presentaban las brujas y Satán, que ponía en riesgo a la humanidad. Para los demonólogos había una emergencia gravísima y nada debía obstaculizar la represión preventiva. Aquí surgió una cuestión que hasta hoy no se solucionó:
¿La pena se fija por la culpa o por la peligrosidad?
Los penalistas siguen discutiendo la incoherencia con parches, mientras los jueces deciden lo que les parece.
Como vemos, la Edad Media está presente. En su tiempo esto se resolvió argumentando que el pacto satánico era un crimen más grave que el pecado original, porque en éste Adán y Eva habían sido engañados, pero el pacto con Satán se celebraba con voluntad plena, con conciencia del mal y, además, era una traición, nada menos que para la ciudad de Dios, con lo cual había que seguir la tradición germana.
Cabe hacer notar que los germanos eran más ecológicos, porque no dañaban los árboles, en vez los inquisidores quemaban su madera. Pero lo cierto es que este modelo marcó la estructura de todos los discursos posteriores legitimantes de masacres. Por eso será necesario detenerse en el análisis de esa estructura.

4. La estructura inquisitorial
Los demonólogos elaboraron un discurso muy bien armado para liberar a su poder punitivo de todo límite, en función de una emergencia desatada por Satán y sus muchachos en combinación con las chicas terrenas.
Por cierto que si alguien sostuviese hoy esta tesis sería irremisiblemente psiquiatrizado. Pero no podemos quedarnos en la anécdota, porque, aunque parezca mentira, la estructura demonológica se mantiene hasta el presente. Los discursos tienen una estructura y un contenido. Se trata de algo parecido a un programa de computación, supongamos que para alimentarlo con los libros de una biblioteca. Podemos cargar el programa con libros esotéricos y tendremos una biblioteca de esa naturaleza, pero también podemos vaciar su contenido y recargarlo con otros libros y tendremos bibliotecas de medicina, física, química, historia, o lo que sea. Pues bien: lo que permanece del discurso inquisitorial o demonológico no es el contenido, sino justamente el programa, la estructura.
A lo largo de los siglos se vació y se volvió a alimentar el mismo programa con otras informaciones, con datos de nuevas emergencias, creíbles según pautas culturales de cada momento: se dejó de creer en Satán y sus chicas, pero se creyeron otras cosas que hoy tampoco son creíbles, aunque se sigue alimentando el programa con datos que hoy son creíbles y mañana serán tan increíbles como Satán, sus legiones de diablos y sus muchachas.
Desde la inquisición hasta hoy se sucedieron los discursos con idéntica estructura: se alega una emergencia, como una amenaza extraordinaria que pone en riesgo a la humanidad, a casi toda la humanidad, a la nación, al mundo occidental, etc., y el miedo a la emergencia se usa para eliminar cualquier obstáculo al poder punitivo que se presenta como la única solución para neutralizarlo (...)

Informe 
gracias Cris
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qué es un valor


Un valor es una propiedad relacional entre deseo y el correspondiente objeto de deseo.(1) Los deseos sí existen.(2) Son motivos para actuar.(3) Objetivamente, se determina como pro-social en la medida que se refiere a una situación concreta, y ésta se demuestra socialmente deseable.(4)

Por ejemplo, si la situación en que ninguno miente se corrobora como deseable por todos, entonces la honestidad se evidencia como un valor pro-social.(5) Los valores sociales provienen de las interacciones sociales.(6)

valores enaltecidos

La idealización religiosa de un valor lo enaltece, volviéndolo un marco de referencia intocable para evaluar situaciones futuras. El proceso de enaltecimiento religioso apunta a entronizarlo en una vitrina fija de incuestionabalidad, que a su vez es racionalizada por suposiciones de superioridad, de deseabilidad, etc... El enaltecimiento del valor lo separa del flujo de situaciones, deseos y acción humanas que lo originaron en un principio.

El enaltecimiento de un valor implica que el enaltecedor ha fijado la deseabilidad de tal o cual situación para siempre. Esto delata la soberbia del enaltecedor de prescindir de revisar su valoración original a la luz de nuevos hechos relevantes: a saber los deseos de otros por venir y nuevas situaciónes relevantes impensadas en el momento de la valoración original, etc...



entronización de normas

Si bien a nivel instintivo la justificación de un un valor por apelaciones a un supuesto poder superior parece atractiva, bajo la lupa crítica resulta contraproducente.

Un proceso justificativo basado en suposiciones infundadas permite la arbitrariedad, porque no tiene necesidad de adecuarse a los hechos relevantes. Tal proceso arbitrario puede avalar cualquier valor y norma correspondiente, sin importar los hechos. El sentimiento de certeza resultante es sin mérito.

En síntesis, una justificación arbitraria puede lograr el cumplimiento externo, pero difícilmente logra la internalización de la norma y valor subyacente. Una cosa es acatar una norma como una forma de lidiar con la autoridad(7), o medio de salvación; otra es internalizarla y practicarla, habitualmente, por cuenta propia.(8)

Los pasos adicionales de enaltecer los valores y normas, entronizarlos con un sello de incuestionabilidad y alegar derivarlos de la autoridad de Dios, ni se necesitan –ni se justifican. Más bien resultan contraproducentes, complicando tanto la internalización como la implementación de normas.

normas prácticas

Para implementar una norma, la internalización del valor subyacente da mejores resultados que sólo cumplir externamente.(9) Una determinación de deseabilidad social, basada en hechos relevantes, agiliza la internalización, porque es transparente. Asimismo, una norma correspondiente, justificada en hechos relevantes, es creíble porque los hechos son corroborables. Cabe reiterar que los deseos de todos los involucrados son hechos relevantes a la determinación de un valor pro-social y justificación de una norma correspondiente.(10)
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jueves, 25 de septiembre de 2014

España, ahora sí, ha dejado de ser católica

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