
viernes, 31 de julio de 2015
Fe

jueves, 30 de julio de 2015
Diez razones de por qué hay tantas religiones
http://blog-sin-dioses.blogspot.com.ar/
1. La naturaleza exclusivista y sectaria de la religión.
2. La posibilidad de múltiples interpretaciones a los presuntos textos revelados.
3. Las necesidades humanas de consuelo, compañía y sentido de trascendencia.
Sin embargo, estos casos pueden terminar muy mal. He tenido conocimiento de dos casos, ambos de dos señoras en Bogotá, que se dejaron morir al no recurrir a quimioterapia, porque la profecía dada por la señora Piraquive u otro pastor de la IDMJI decía que Dios obraría un milagro. En otro ejemplo se evidencia la falta de pensamiento crítico de los creyentes. Una señora de la IDMJI narra un testimonio en el que la hermana Piraquive ni siquiera tuvo que hablar al oido. Solamente una creyente soñó con ella y de esto concluyó que era una profecía:
4. Las religiones son medios de poder político.
Las religiones que han pervivido han hecho algún pacto con el poder político gobernante, se han unido a este o lo han usurpado. Hoy la historia de Occidente está fuertemente marcada por el cristianismo por una jugada política: El emperador Constantino hizo legal este culto, antes perseguido, y lo elevó a la categoría de oficial. De allí en adelante fue una excelente herramienta para mantener calmadas a las gentes. "¿Tu rey se come todo, te pide la mitad de tus cosechas y tu pasas hambre en el invierno? ¡No importa! ¡Tu recompensa estará en el Cielo!. Jesús dijo que bienaventurados los humildes." Con el soso reino de los cielos se aplacó a las multitudes.
6. Los fallos proféticos siempre son excusados.
7. Siempre habrá audiencia para un nuevo credo.
8. Las enfermedades mentales generan nuevos iluminados.
9. Tendencias liberales y conservadoras.
Las conquistas sociales, realizadas muchas veces con la oposición de la religión, genera sectores dentro de las iglesias que buscan el avance de valores como la libertad y la igualdad. Como ejemplo se puede mencionar las divisiones que se generaron en diferentes congregaciones cristianas de Estados Unidos en tiempos del debate de la abolición de la esclavitud.
En el presente se han presentado divisiones entre varias denominaciones por el ordenamiento de mujeres o por la aceptación de la homosexualidad. Estas cuestiones de debate social darán origen adivisiones dentro de las iglesias entre los bandos progresistas y los anclados al pasado.
10. No se ha aparecido dios alguno a dirimir la cuestión.
Una razón que permite explicar no solo la cantidad cada vez mayor de religiones, sino también un sustento del ateísmo es que hasta la fecha no se ha aparecido dios alguno a explicar cuál es la religión verdadera, la forma correcta de culto y adoración, por no hablar de los miles de dogmas religiosos.
¿Por qué hay tantas religiones? ¿Por qué hay tantas denominaciones cristianas? La pregunta tiene muchas respuestas que pasan por la historia de las religiones y la psicología humana. Afortunadamente las respuestas no son tan numerosas como las sectas cristianas.
A continuación las diez razones de porque hay tantas religiones (con especial énfasis en las denominaciones cristianas).
1. La naturaleza exclusivista y sectaria de la religión.
Al antropólogo Ashley Montagu debemos la frase de que "La ciencia tiene evidencias pero no está segura de todo. La religión está segura de todo, pero no tiene evidencias".
Y es precisamente que ante esta falta de evidencias que las creencias religiosas deben asumirse sin pizca de duda. Un musulmán creerá que Mahoma recibió el mensaje de Alá, como lo cuenta el Islam, y un mormón creerá que José Smith recibió la última revelación de dios. Ninguno de ellos cuenta con mayor evidencia que el otro, o que cualquier otro creyente. Las creencias religiosas delimitan a los fieles y genera la división entre buenos y malos, fieles y paganos, fieles e infieles, correctos y herejes.
Así como es fácil afirmar P sin evidencia, es fácil afirmar que no P. La carencia de evidencia en las afirmaciones religiosas permite que cualquier idea o variante pueda surgir sin que se pueda oponer mayor argumento que los propios de la tradición, la apelación a la autoridad de un líder religioso o un texto religioso. Pero, una vez nacida una variante religiosa se genera un conflicto. Los nuevos creyentes se consideran privilegiados por una nueva verdad y el grupo madre los acusará de heréticos o apóstatas. Así pues las ramificaciones surgen por disensos.
![]() |
Iglesias surgidas de José Smith |
Un ejemplo de esto lo podemos ver en el mormonismo. A pesar que José Smith se autoproclamó profeta y el restaurador definitivo de la religión con el Libro de Mormón, el mormonismo no logró mantenerse unido y 33 denominaciones mormomas han surgido desde la muerte de Smith. Algunas variantes se han extinguido por el camino, mientras que otras se mantienen.
Las divisiones religiosas difícilmente se recomponen y constituyen una de las razones de porque la religión hace más daño que bien a la sociedad. Claro ejemplo de esto se puede ver en uno de los lugares más religiosos del mundo: Jerusalen, la cual está dividida físicamente por la religión. Los sectores de cristianos, judíos y musulmanes están claramente demarcados. Y en el lugar que se supone que Jesús fue sepultado, se lo dividen entre ortodoxos griegos, apostólicos armenios, cristianos sirios cristianos coptos, católicos franciscanos. El paso de un sector a otro está claramente prohibido, al mejor estilo de sectores de pandillas en las fabelas, y con ocasiones se dan batallas campales. Los cristianos etiopes están relegados al tejado y se pelean su posesión con los coptos. (Ver vídeo)
![]() |
División de Jerusalen por religiones monoteístas y de la Basílica del Santo Sepulcro entre denominaciones cristianas. Fuente El País |
La fractura dentro de los credos parece ser un evento inevitable que le ocurre a toda religión una vez se hace muy grande y se presentan nuevos enfoques o interpretaciones. En los casos en los que se mantiene la ortodoxía es porque la violencia aplasta la rebelión. Es lo que hizo la Iglesia Católica para reinar casi exclusiva en Occidente por siglos: La persecución de los valdenses, la matanza de los albigeneses o cátaros, las hogueras y el tribunal de la Inquisición. En el caso en el que no se permite la existencia del otro la violencia es extrema, en el caso menos malo se convive pero se generan estereotipos y sectarismos.
2. La posibilidad de múltiples interpretaciones a los presuntos textos revelados.
El ateo y ex-mormón Scott Bidstrup afirmaba de la Biblia: "¿Quiere un dios airado, escandaloso, vengativo, destruyendo todo lo que le sirve de tropiezo, exigiendo genocidios, infanticidios y hasta la misma esclavitud? Entonces el Éxodo es su libro.¿Quiere un código de vida duro, rígido, inexorable, inflexible, sin misericordia? Entonces su libro es el Levítico. ¿Quiere un dios discreto, sutil, insondable que raramente interfiere, pero que puede ser conocido solo a través de las oraciones sinceras y las suplicas del fondo del alma, además de ser gentil y misericordioso? Lea las epístolas de Pablo. Todo en el mismo libro."
La Biblia más que un libro es una colcha de retazos. Sus escritos abarcaron muchos siglos, tres idiomas, decenas de autores y múltiples intenciones políticas, religiosas y doctrinales configuraron la posibilidad de tener un libro que contiene a la vez versículos de amor al prójimo y otros que llaman a la aniquilación de los infieles, textos de bondad y otros que justifican la esclavitud, el genocidio y la misoginia.
Algo similar ocurre con el tema doctrinal ¿Cómo se salva un ser humano? (Asumiendo que haya algo de que salvarse y dejando por fuera a otras especies humanas como los neandertales). Un católico encontrará textos para afirmar que se salvará por las obras y los protestantes encontrarán textos para afirmar que por la fe. ¿El cielo y el infierno para las almas será tras la muerte del individuo o tras el juicio final? Hay versículos que permiten ambas interpretaciones. Guardar el sábado o el domingo, el cobro de diezmos, las formas de adoración, el número de sacramentos, etc. Ahora combine las diferentes posiciones y tendrá miles de opciones de religión posibles.
Esas combinaciones eran 20,800 para el año de 1980, según David B. Barret en su obra “Denominationalism,”( pag 351). Treinta y cinco años después la cifra sin duda es mucho más alta.
Testigos de Jehová, carismáticos, adventistas, mormones, católicos, bautistas, pentecostales, ortodoxos rusos, presbiterianos y las restantes 30 mil denominaciones cristianas te dirán que ellas interpretan correctamente la Biblia. Pero es imposible hacer una interpretación de este libro asumiéndolo como verdad revelada sin entrar en contradicciones. Tan solo entendiéndolo como una obra humana, fruto de su tiempo, conociendo el idioma original y su contexto, viéndola como una ventana a tiempos de superstición y barbarie sin ningún valor sagrado se puede interpretar correctamente la Biblia.
![]() |
Las necesidades psicólogicas son un gran gancho que las religiones han sabido explotar. |
Esta es una de las razones más poderosas por las cuales existen religiones. La evolución de nuestro cerebro con su complejo neocórtex nos permitió imaginar eventos futuros y así anticipar soluciones a problemas, ver en la mente soluciones a problemas y avanzar en la invención de herramientas. Pero también, nos percató que somos finitos, que en algún momento llegaremos a morir. Esto sin duda representó una pesada carga emocional sobre los primeros humanos. Esta carga se logró aliviar con las ideas religiosas.
Para muchas personas poco importan los descubrimientos de la ciencia o los argumentos racionales y lógicos. La necesidad de creer es muy fuerte y lleva a muchas personas a encontrar en creencias, como la de un alma inmortal, dios, el cielo o la reencarnación, un consuelo para sus vidas y una ayuda para sobrellevar los problemas de la existencia. Ara Norenzatan, psicóloga social de la Universidad de British Columbia, en Canadá, y autora de "Big Gods" apoya esta idea: "Por alguna razón, la religión parece darle significado al sufrimiento, más que cualquier ideal o creencia secular que conozcamos".
La importancia de la religión en la sociedad está por lo tanto ligada a esa función de muletilla psicológica y por esto es más probable que sean las poblaciones pobres, en contextos de desigualdad o de inseguridad donde la religión florecerá. Tal como lo señala Eduardo Zugasti:
La importancia de la religión en la sociedad está por lo tanto ligada a esa función de muletilla psicológica y por esto es más probable que sean las poblaciones pobres, en contextos de desigualdad o de inseguridad donde la religión florecerá. Tal como lo señala Eduardo Zugasti:
"La gente no deja de creer en Dios porque le convenzan los argumentos de Richard Dawkins o Stephen Hawking, sino porque vive en sociedades más igualitarias y menos azotadas por la inseguridad económica y existencial que son características de la experiencia humana, en especial desde el surgimiento de las sociedades estatales basadas en la agricultura."Algunas personas consideran que la religión es sólo un problema de falta de ciencia o de embaucadores
Tan solo escuchar las prédicas de muchos pastores carismáticos o los artículos de las revistas de evangelización y se podrá notar que es un tema frecuente que tratan los clérigos religiosos. Esto ha hecho que la necesidad de respuestas sea siempre un terreno fértil para charlatanes y embaucadores.
![]() |
Portada de Revista Atalaya en el que se muestra como se usa el miedo a la muerte para propagar la religión. |
¿Cuán poderosos pueden ser la oferta de una ayuda invisible para una persona? ¡Puede esto levantar nuevas iglesias? Sin duda la respuesta es si. Por ejemplo, la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional (IDMJI) inició con un local en Colombia y hoy cuenta con cientos de templos en diferentes países. Su polémica líder, la señora María Luisa Piraquive es considerada por sus feligreses como una profetiza. Los creyentes, ávidos de respuestas a necesidades emocionales, físicas o económicas, se acercan a ella o a sus pastores y estos le susurran algo al feligrés al oído. Ellos asumen que es una profecía dada por el mismo dios.
Sin embargo, estos casos pueden terminar muy mal. He tenido conocimiento de dos casos, ambos de dos señoras en Bogotá, que se dejaron morir al no recurrir a quimioterapia, porque la profecía dada por la señora Piraquive u otro pastor de la IDMJI decía que Dios obraría un milagro. En otro ejemplo se evidencia la falta de pensamiento crítico de los creyentes. Una señora de la IDMJI narra un testimonio en el que la hermana Piraquive ni siquiera tuvo que hablar al oido. Solamente una creyente soñó con ella y de esto concluyó que era una profecía:
"Tuve un sueño en el que apareció la hermana Piraquive y me dijo: Siempre hacía la derecha... Luego cuando iba manejando ocurrió un derrumbe y yo lo que hice fue recordar el sueño y volteé hacía la derecha! (Ver el vídeo)"
Ahora que si se intenta razonar con los fans de Piraquive, no es posible. Terminarán haciendo una manifestación a favor de su pastora.
4. Las religiones son medios de poder político.
![]() |
Sacerdote azteca haciendo sacrificio humano. |
El deseo de poder en un grupo social es algo muy codiciado por muchos humanos. Desde que las religiones se organizaron, se levantó una casta sacerdotal, como se sabe que ocurrió en el antiguo Egipto. Por todo el mundo, se generaron clases de sacerdotes a la par de alfareros, agricultores y militares. Sin embargo, los sacerdotes al decir que eran intermediarios con los dioses obtuvieron un gran poder político. En tiempos donde las crecientes del Nilo, las sequías, las temporadas de lluvia y el regreso de las estaciones no podía explicarse en términos naturales contar con el beneplácito de los dioses era crucial.
![]() |
Pastor brasileño Marco Feliciano, es nombrado director de la Comisión de Derechos Humanos y resulta imponiendo sus convicciones homofóbicas. |
Esa manguala del poder político y el religioso no solo se dio en el medioevo. Antes del auge pentecostal en Latinoamérica la Iglesia Católica estaba al lado de partidos conservadores y en muchos pueblos y zonas rurales dictaba el día a día.
A finales del siglo XX las naciones latinoamericanas garantizaron la libertad de cultos, y un gran número de congregaciones anhelaron el poder político que en su momento tuvo la Iglesia Católica. Se llegó al punto que las denominaciones no eran ya exclusivamente llegadas de los Estados Unidos, sino que podían formarse en Guatemala, Colombia y Brasil y expandirse a otros países. Tras el crecimiento de las iglesias evangélicas en Latinoamérica estas se han convertido en baluarte político en países como Brasil o Colombia. En muchos países de América en lugar de cortar los privilegios de la Iglesia Católica se incluyó a las iglesias evangélicas en estos privilegios, como la exención de impuestos.
En Latinoamérica, se ha acusado al Instituto Lingüístico de Verano, de filiación evangélica de ser cómplice de las compañías petroleras, al ayudar a éstas a que los indígenas abandonaran sus tierras y que se las cediesen a las citadas compañías desde su aparición en los años setenta.
Pero este problema no es exclusivo de Latinoamérica. Actualmente en Rusia el presidente Vladimir Putin ha resucitado el poder de la Iglesia Ortodoxa rusa a cambio del apoyo del clero.
A finales del siglo XX las naciones latinoamericanas garantizaron la libertad de cultos, y un gran número de congregaciones anhelaron el poder político que en su momento tuvo la Iglesia Católica. Se llegó al punto que las denominaciones no eran ya exclusivamente llegadas de los Estados Unidos, sino que podían formarse en Guatemala, Colombia y Brasil y expandirse a otros países. Tras el crecimiento de las iglesias evangélicas en Latinoamérica estas se han convertido en baluarte político en países como Brasil o Colombia. En muchos países de América en lugar de cortar los privilegios de la Iglesia Católica se incluyó a las iglesias evangélicas en estos privilegios, como la exención de impuestos.
En Latinoamérica, se ha acusado al Instituto Lingüístico de Verano, de filiación evangélica de ser cómplice de las compañías petroleras, al ayudar a éstas a que los indígenas abandonaran sus tierras y que se las cediesen a las citadas compañías desde su aparición en los años setenta.
Pero este problema no es exclusivo de Latinoamérica. Actualmente en Rusia el presidente Vladimir Putin ha resucitado el poder de la Iglesia Ortodoxa rusa a cambio del apoyo del clero.
Sin duda el deseo de poder político seguirá seduciendo a muchos escalar dentro de sus credos o a coquetear con la política electoral o fundar nuevas denominaciones.
5. El ánimo de lucro y/o poder de líderes religiosos.
El clero de cualquier religión sin duda gana estatus ante su comunidad. Así pues el clero desde los chamanes del paleolítico, pasando por los sacerdotes del dios Nilo, hasta los pastores y el Papa tienen el beneficio de contar con enormes riquezas que son envidiadas por otras personas que ven en la apertura de iglesias y congregaciones un negocio lucrativo.
Los ejemplos sobran. La mega iglesia de Colombia, la Misión Carismática Internacional del pastor César Castellanos rompió con el pastor César Fajardo a causa del dinero. Según fuentes de los propios evangélicos, en el 2012 la iglesia de Castellanos recibía 6.000 millones de pesos anualmente (aproximadamente dos millones y medio de dólares) y los Castellanos no querían que Fajardo dispusiera de los dineros recibidos a la iglesia, así Fajardo ayudará a aumentar la feligresía. Ahora, este último tiene su propio ministerio denominado "Sin muros". Al parecer el amor al dinero rivaliza con el amor a Cristo y con frecuencia lo vence.
Centenares de historias hay en el seno de la cristiandad desde que se inventaron santos y reliquias en el medioevo hasta los pastores evangélicos de la actualidad, hasta llegar al descaro de la "teología de la prosperidad" en la que se le dice al feligrés que si no diezma su dios no lo bendecirá. Muchos pastores no han dudado en pedir jet privado o sets de televisión a sus feligreses.
Como ya mencionamos anteriormente, las iglesias están libres de impuestos y de declaración de renta. Este exabrupto ha hecho que la religión sea un negocio espectacular.
6. Los fallos proféticos siempre son excusados.
Haz mil profecías, generalmente vagas y poco precisas, y si estas no se cumplen dí que era un lenguaje figurado, una prueba de fe de dios a los creyentes o que dios cambió sus planes.
Esta es la regla que tienen los religiosos y que nos causa muchísimo asombro a los ateos. Por ejemplo, los testigos de Jehová han predicado muchas veces el Armagedón o batalla final entre el bien y el mal. Una de las fechas puestas fue 1914. Pero al no ocurrir dijeron que Jesús había regresado a la Tierra de manera invisible a gobernar. ¡Al parecer empezó muy mal su gobierno porque nada pudo hacer para evitar la primera y la segunda guerra mundial!
Luego afirmaron que la generación de testigos que estaba viva en 1914 sería la última, y a la que se refería la Biblia cuando afirmó "de esta generación no pasará" (Lo cual es otro fallo profético de la Biblia).
Pues bien, ya estamos en 2015 y no hay, o queda muy poca, gente viva de 1914 y el Armagedón no ocurrió. Otras profecías fueron hechas en para 1918, 1925, y 1975. Para la profecía de 1925 el presidente de los testigos, Joseph Rutherford, mandó construir una mansión para recibir a Abraham y a Jacob que supuestamente resucitarían. Pasó 1925 y ningún muerto se levantó para habitar la mansión. Afortunadamente la inversión no se perdió porque Rutherford terminó mudándose a ella. En 1975 no ocurrió el Armagedón y ya la revista Despertad dejó de anunciar que el Armagedón ocurriría mientras estuviese vivo alguien de la generación de 1924.
El adventismo se erigió también gracias a una falsa profecía. Tras la no venida de Jesús el 22 de octubre de 1844, los creyentes dijeron que habían interpretado mal la profecía. No se trataba del segundo regreso de Jesús, sino que este había cambiado de ubicación en el cielo. Había pasado del lugar santo al lugar santísimo del santuario celestial.
En el año 2012, José Luis de Jesús Miranda anunció que el 30 de junio de ese año se transformaría en inmortal radioactivo (lo que sea que eso signifique) ya que era la reencarnación de Jesucristo. Miranda murió de cáncer, por lo que no resultó inmortal y lo único radioactivo que hubo en su vida fue la quimioterapia. Pero lo curioso no es su fallo profético - anticipado por este blog- sino que la iglesia ¡no decayó! Sus templos siguen abiertos y los feligreses llegando.
No importa cuan descabellada sea la doctrina. Siempre hay alguien que la crea. Y esto también se da porque estamos en una sociedad que valora la fe como virtud.
¿No es suficientemente absurda una religión basada en la que hay un nacimiento virginal, una resurrección, una serpiente que habla en un paraíso, una lluvia de 40 días que cubre el mundo y un milagro en el que el Sol se detiene en el cielo? ¡Pues les tenemos el relato de la cienciología!
La cienciología es el caso más notable de que siempre habrá público disponible para cualquier disparate. Ronald L. Hubbard, fundador de la cienciologia, fue un escritor de ciencia ficción del siglo XX que cierto día apostó con unos amigos que podría crear una religión. ¡Y lo hizo! En su relato un emperador alienígena intergaláctico llamado Xenú, mandó las almas de varios extraterrestres a los volcanes de Hawai y estas luego habitaron cuerpos humanos. Estas ideas disparatadas son parte de la Cienciología. Credo que siguen Tom Cruse y John Travolta.
8. Las enfermedades mentales generan nuevos iluminados.
Cuando no existían neurólogos ni psiquiatras explicarse las enfermedades mentales, visiones y alucinaciones llevaba a la conclusión de la intervención divina o demoníaca.
El psicólogo y sexólogo Haverlock Elis lo explicaba con cierta dosis de exageración: "Toda la faz religiosa del mundo moderno se debe a la ausencia, en Jerusalén, de un asilo de lunáticos."
Hoy en día, toda una parta de la neurología, conocida como la neuroteología ha logrado explicar lo que ocurre en el cerebro durante trances descritos como místicos y fenómenos como las experiencias cercanas a la muerte. Gracias a estos trabajos es posible señalar que no pocos figuras religiosas sufrieron de condiciones como epilepsia de lóbulo temporal, que genera una hiperreligiosidad y visiones con alucinaciones visuales y auditivas. Tal es el caso del mismísimo Mahoma, fundador del islam; Elena G. de White, fundadora de la rama adventista dentro del protestantismo, y de figuras católicas como Ignacio de Loyola y Sor Teresa de Jesús.
El doctor Orrin Devinsky y sus colegas del Centro para la comprensión de la epilepsia en Nueva York han sido capaces de realizar grabaciones de vídeo de electroencefalogramas (EEG) en los pacientes que tienen este tipo de ataques, y han observado una sincronización exacta de las epifanía con un repunte en la actividad epiléptica en los lóbulos temporales, más comúnmente el lóbulo temporal derecho.
Las experiencias cercanas a la muerte, incluidas la visión de un túnel de luz y las experiencias extracorpóreas han contribuido en fortalecer la religiosidad de miles de personas en el mundo. De hecho, muchas de las personas que afirman haber pasado por estas experiencias no mienten, pero eso no significa que sean producto de algo diferente a la actividad neurológica de su cerebro. Neurológicamente las experiencias extracorpóreas son una forma de ilusión corporal derivada de una disociación temporal de representaciones visuales y propioceptivas - que normalmente están entrelazadas - lo que hace que los pacientes que las padecen en condiciones de estrés biológico y en algunos casos sin estar presente otra condición, dan la sensación de salir del cuerpo. Los neurólogos han encontrado que esta misma sensación se puede producir con una droga denominada ketamina.
No obstante, muchas personas que han tenido tales experiencias prefieren creer que se deben a algo sobrenatural. Estas situaciones son propicias para mantener la fe en religiones ya existentes y también para generar otras nuevas.
No obstante, muchas personas que han tenido tales experiencias prefieren creer que se deben a algo sobrenatural. Estas situaciones son propicias para mantener la fe en religiones ya existentes y también para generar otras nuevas.
9. Tendencias liberales y conservadoras.
Las conquistas sociales, realizadas muchas veces con la oposición de la religión, genera sectores dentro de las iglesias que buscan el avance de valores como la libertad y la igualdad. Como ejemplo se puede mencionar las divisiones que se generaron en diferentes congregaciones cristianas de Estados Unidos en tiempos del debate de la abolición de la esclavitud.
En el presente se han presentado divisiones entre varias denominaciones por el ordenamiento de mujeres o por la aceptación de la homosexualidad. Estas cuestiones de debate social darán origen adivisiones dentro de las iglesias entre los bandos progresistas y los anclados al pasado.
10. No se ha aparecido dios alguno a dirimir la cuestión.
Una razón que permite explicar no solo la cantidad cada vez mayor de religiones, sino también un sustento del ateísmo es que hasta la fecha no se ha aparecido dios alguno a explicar cuál es la religión verdadera, la forma correcta de culto y adoración, por no hablar de los miles de dogmas religiosos.
Es curioso que se han derramado ríos de sangre en guerras religiosas, entre hugonotes y católicos, la matanza de cátaros y valdenses a manos de los católicos, entre sunitas y chiitas, la persecución de herejes o de nativos en las Américas y África que no se doblegaron a la fe del dios único. La sangre derramada en la expansión del islam y el sobre alabado Alá y Jesucristo no se han hecho presentes para dirimir la cuestión. Algo sumamente sospechoso para alguien que se dicen misericordioso y a la vez todopoderoso.
Así pues, es muy probable que el número de religiones, sectas y denominaciones no hará más que crecer. El único antídoto es el razonamiento crítico y aún estamos muy lejos de que este sea de amplio dominio.
Así pues, es muy probable que el número de religiones, sectas y denominaciones no hará más que crecer. El único antídoto es el razonamiento crítico y aún estamos muy lejos de que este sea de amplio dominio.
domingo, 19 de julio de 2015
Y dios que no existe
El ingeniero y activista ateo Fernando Lozada construyó desde la razón un sistema de creencias que explica la espiritualidad y ubica a la cuestión atea como una lucha de identidad. Desde bien chico caminó la iglesia, leyó el culto católico y fue parte de sus rituales. Pero nunca creyó. La siguiente es una charla sobre la fe.

Año 2015. La pregunta sobre la existencia o la inexistencia de dios todavía no tiene respuesta concreta. Dios, pese a quien le pese, es una idea tan sólida, tan bien incrustada en la sociedad que ni la ciencia ha logrado quebrarla. Dios se dobla, cambia de forma, se agranda, se achica, muere y resucita, pero nunca desaparece.
Muere sin desaparecer.
Desde tiempos inmemoriales dios marca el pulso de la sociedad, se mantiene intacto en sus valores y empuja mercados y crea mundos y si es necesario se queda bien quietito sin siquiera parpadear. No sabemos si es su voluntad. A decir verdad no sabemos casi nada de dios. Todo es una suposición, una sugerencia que en algunos casos, en los extremos, cumple el rol de verdad indiscutible.
Hay dioses milenarios y dioses nuevos, flamantes, más livianos y actualizados. Dios está ahí. Viene en todos los talles y en todos los modelos. Es protagonista de las mejores historias que pudo contar el ser humano. Es el más absoluto: el fin de toda pregunta, la contradicción más espectacular. Es, todavía en el siglo XXI, el mayor interrogante de todos los tiempos.
Es dios.
Y tiene sus detractores, claro.
Dios sin detractores sería un ente opaco, deslucido, no tendría batallas que ganar: probablemente no sería tan dios, porque dios, cada tanto, tiene que tener a alguien a quien vencer. Esos que dan batalla son los ateos. Ateos, no agnósticos. Los agnósticos navegan aguas más calmas. Van tranquilos. El ateo se preocupa por apoyar su postura en un cuerpo argumentativo racional, lógico, lo más científico y terrenal posible. Llevan los bolsillos repletos de datos y definiciones. Redefiniciones. La discusión es su campo de batalla.
En esa batalla Fernando Lozada avanza a capa y espada. Es marplatense, nació en 1973, se recibió de ingeniero y se especializa en biotecnología. Su formación como activista ateo comenzó temprano. Hizo la primaria en el Colegio Jesús Redentor. Y el secundario en el Pablo Tavelli. Desde bien chico caminó la iglesia, leyó el culto católico y fue parte de sus rituales. Pero nunca creyó.
“Mi adolescencia marcó lo físico. Lo que cada uno siente o valora como parte de su identidad. Vos hablás con cualquier persona trans y te dice que siempre tuvo un conflicto con su género asignado. Hay cuestiones que tienen que ver con cierta afinidad a algunas corrientes ideológicas casi como una cuestión física. Yo nunca tuve fe religiosa, nunca supe qué es eso”, dice.
Durante el secundario, Fernando comenzó a formularse preguntas. Así llego a la filosofía de Nietzsche y entendió, por primera vez, que se puede ser feliz sin creer en dios. “Tuve un padre bastante autoritario y siempre me revelé contra el autoritarismo. La religión es autoridad, dios es una autoridad, el dogma es una autoridad. Eso siempre me trajo infelicidad, tanto con el catolicismo como con cualquier fe religiosa”, dice.
De Nietzsche pasó a textos más fuertes en busca de eliminar todos los dogmas, no sólo religiosos —explica— también los que están relacionados con cuestiones de género, de sexualidad, de cultura, etcétera. “Esa es la construcción de uno mismo. Uno es una cosa moldeable y uno se va conociendo a partir de que somos responsables de construirnos. Como dice [Jean—Paul] Sartre: Uno es lo que hace de lo que hicieron de nosotros. Hay cosas que uno no va a poder cambiar, pero se puede trabajar bastante”, dice.
El discurso de Fernando Lozada es esencialmente político. Está diseñado así. Es un ensamble de ideas pulido al detalle. Es el discurso de un obsesivo que buscó los argumentos para llevar la discusión del ateísmo al terreno de lo identitario. O sea: una discusión social con base científica que pregunta por el poder más grande que rige la humanidad y que define al sujeto.
Una guerra, una muy cruda.
—¿La cuestiones ideológicas pueden entenderse como cuestiones de identidad?
—Si la identificación con una ideología es suficientemente fuerte como para que el individuo sienta que eso lo define como tal y le genera sentido de pertenencia, podemos decir que es una cuestión identitaria.
—¿El ateísmo es una ideología?
—El ateísmo es únicamente un principio, la negación de la existencia de dios o deidades, ser ateo no implica ningún deber. No existe una moral o doctrina atea, pero el ateísmo sí puede ser componente de una ideología o sistema de creencias no necesariamente adogmáticas. En mi caso he tratado de eliminar toda componente dogmática para reconstruirme y desde el ateísmo formé una ideología con fuertes componentes racionalistas, humanistas, hedonistas y utilitaristas que me definen.
—Hablás de componentes utilitaristas y hedonistas. ¿Por qué el ateo militante dedica esfuerzos a explicar y divulgar la inexistencia de dios? ¿En qué le mejoraría su vida?
—A mí ya me aburre eso. Bastante. Le dediqué mucho tiempo de mi vida. Ya está.
—¿Por qué te aburre? ¿Te diste cuenta de que la fe no se anula con la explicación racional?
—Eso por un lado. Y me aburre por obvio. Ya no hay desafío. La mayoría de las proposiciones de dios son fácilmente falsables desde lo racional. Me meto en estas discusiones cuando sirven a planteos interesantes y de manera contundente. Cuando alguien rige su vida y arma un sistema ético sobre la base de la fe, y ese sistema es perjudicial para el entorno, está bien cuestionar el origen de ese sistema.
—Vos hablás de lo fácil que es falsar, pero la demostración científica sobre la inexistencia de dios todavía está incompleta, por poquito, pero está incompleta.
—Sí, pero en las últimas noticias sobre la formación del universo hay un dato clave: la suma de toda la energía del universo da cero. No hace falta un dios que aporte nada.
—Podemos decir que la inestabilidad de la nada es dios. Y listo.
—Sí, pero bueno, desde un juego de palabras podemos decir cualquier cosa. La verdad, me interesa más cuestionar las reglas morales emanadas de dios que cuestionar a dios mismo.
—¿Por ejemplo?
—Los mandamientos. Las reglas morales están puestas sobre las emociones y no sobre las conductas. Y eso es perverso. Cuando te dicen que amarás a dios por sobre todas las cosas te están pidiendo que generes un sentimiento. Si el deseo aparece antes de la acción, ahí está la perversión: uno siempre va a estar en falta. Si vos ponés la norma moral en la acción no hay culpa. Decir No desearás… es imposible. Estás en pecado indefectiblemente. Y el que administra esa culpa tiene una herramienta de poder. Esa es una crítica importante, y no tanto el tema de la inexistencia de dios.

En la década de 1960, en la Argentina había un 90% de creyentes católicos, un 8% de otras religiones y apenas un 2% de no creyentes. Para 2008, los creyentes católicos disminuyeron a un 77%, según la Primera encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina, elaborada por cuatro universidades nacionales y el Conicet. De ese 77%, apenas el 30% es católico practicante. Mientras que la cantidad de no creyentes aumentó al 11%. Estos números encendieron una alarma en las altas esferas eclesiásticas, los sintieron, en especial, por la falta de jóvenes interesados en formarse como curas.
Es curioso: ese 11% de no creyentes tiene muy poca visibilidad. Por ejemplo, la comunidad judía es ínfima, en Argentina hay 200 mil judíos, un 0,5% de la población. Incluso en el mundo son pocos, se calcula que hay sólo 8 millones. Sin embargo, su visibilidad es imponente: medios de comunicación, presencia institucional, organizaciones, participación en la agenda política. Parecen más de los que son. Los ateos son 22 veces más numerosos y siguen creciendo. Pero casi no hacen ruido.
Tener poder vs. No tener poder.
—¿Creés que alguna vez el mundo va a ser ateo?
—No creo. Y no me interesa luchar por eso. Ni generar más ateos. Simplemente busco una sociedad que respete a los ateos. Que no se oprima a los que no tenemos fe.
—¿Te sentís expulsado?
—Es bastante clara la permanente invisibilización del no creyente y el uso del ateo como sinónimo de persona amoral y carente de valores. Ser ateo hoy es una cuestión de identidad. La lucha es por la identidad, por el orgullo de ser ateos.
—Por lo que veo, tu lucha no es filosófica.
—No. Me importa poco lo filosófico. Porque la lucha filosófica cae en abstracto. Acá estoy poniendo en juego que hay un sector que hace todo lo posible para que yo no exista. Mi identidad les molesta. No tener fe es algo peligroso para un sector del poder que con la fe construye más poder. Como existen ellos, yo tengo la necesidad de defender esa porción de mi identidad.
—¿Por eso los ateos en Argentina accionan en concreto y casi exclusivamente contra la iglesia católica?
—En realidad, vamos en contra de la corporación. Criticamos todos los dogmatismos por igual, pero el que nos oprime es uno, mayoritariamente, acá en Argentina.
—¿Será que la lucha filosófica ya está perdida?
—Un poco sí. La lucha filosófica es para muy poca gente. Son debates que para el que está de afuera terminan siendo eternos y aburridos. Hay que estar muy embebido con las distintas corrientes filosóficas y con las falacias y las estrategias de argumentación. A mí me quedó claro con el debate entre Sam Harris [antropólogo, ateo, activista] y un rabino, en el canal judío. Uno piensa que el religioso perdió ampliamente. Pero el religioso sigue pensando que tiene los mejores argumentos.

Fernando Lozada ha recorrido el mundo dando charlas y participando en debates sobre la causa atea. Es portavoz para Latinoamérica y Director de la Asociación internacional del LibrePensamiento (AILP), dirigió cuatro ediciones del Congreso Nacional de Ateísmo y es Miembro fundador y ex presidente de la Asociación Civil Ateos Mar del Plata, entre otros incisos de un currículum que ocupa más de tres páginas acuatro. La estrategia discursiva de sus análisis, por oficio de orador, es la síntesis. Busca desarrollar temas complejos del modo más accesible. He ahí otra señal de su objetivo: incluso en la forma su esencia es política.
—¿Cómo se puede definir a un ateo?
—Hay tantos ateísmos como ateos. Y eso es bueno, porque el ateísmo no tiene una doctrina.
—No la puede tener.
—No la debería tener. Ateo no es solamente negar la existencia de dios. Con eso no alcanza, porque puede haber ateos dogmáticos, como el religioso más dogmático. Mi ateísmo parte del rechazo visceral a un ser superior, más allá de las definiciones, que son miles. Yo niego a dios por ser una concepción de tipo dictatorial, que me señala como un ser insignificante y al cual debo sumisión. De ahí parto. Pero creo que el ateísmo no es una elección.
Se hace un silencio en la charla. Y pregunto, repregunto, subrayo sorprendido lo que acabo de escuchar:
—¿No se puede elegir ser ateo?
—No se puede elegir ser ateo ni ser religioso. No son elecciones racionales. Yo no tengo fe. O me asumo como ateo o tengo una contradicción como religioso. Pero no puedo elegir ser religioso. No puedo forzarme a elegir algo. Es como enamorarse, uno no puede forzarse a enamorarse de alguien. Uno no puede elegir ser homosexual, eso no funciona así. Tampoco puede elegir ser mujer si es varón. Por más esfuerzos que uno haga es una cuestión de identidad. Acá lo mismo. La persona que tiene fe no la va a perder, la fe le da algo. Para los que estamos afuera la fe no nos da nada. Yo no puedo elegir la fe. Y el religioso no puede elegir el ateísmo. Se puede perder la fe, pero no es una elección, es parte de un proceso.
—Pero aquel que pierde la fe toma la decisión de perderla, entonces transita el territorio de la razón y demás. Desde tu óptica, la fe se convierte en un atributo biológico.
—A mí me gusta preguntar cómo fue que alguien llegó a ser ateo. Y se ve que hay dos o tres cosas típicas. Alguien que sufrió un episodio que lo hizo cuestionar la fe. Un padecimiento. Ese disparador hace que empiece el proceso de perder la fe. Pero no es una elección. Ese disparador hace que se acerque a otra forma de pensar, pero sin el hecho no hubiera sucedido.
—Insisto: parecería que la fe, desde tu punto de vista, viene incorporada en la genética.
—No. Es como la identidad de género. Vos tenés a esta chiquita Luana [la más joven en obtener un cambio de sexo en el dni] que a los dos años ya manifestaba tener una identidad opuesta al género asignado biológicamente. Es difícil saber cuánta es la carga biológica y cuánto es lo construido culturalmente. Hay muchas discusiones.
—Acordemos que lo genético es muy poco. La construcción cultural modifica lo genético.
—Sí, por supuesto. Por eso las discusiones de la neurociencia. No hay acuerdo en saber si las conexiones neuronales son genéticas o se conectan por la construcción cultural. Es muy difícil. Lo que sí puedo decir es que a determinada edad, cuando uno comienza a tener cierta autonomía, ya manifiesta rasgos o características bastante fuertes. No son todos los bebés iguales. Y desde que nacemos comenzamos a recibir información. Yo no sé si no lograron introducirme culturalmente el esquema para que yo pueda tener fe. Evidentemente no funcionó. El biólogo Richard Dawkins plantea a la fe como un virus que se inocula desde temprano.
—Es espectacular que digas que no se puede elegir ser ateo. Es muy arriesgado defender esa postura. Además de ser determinista.
—La mayoría de los ateos que conozco dicen que sí, que se puede elegir. Yo no. Me aparto de esa postura, digo que no es una decisión racional.
—Aun cuando el ateísmo es la defensa máxima de la racionalidad, la elección de ser ateo no es racional.
—Claro.
—Suena contradictorio. Lo cual no es un problema, pero está bien subrayar la contradicción.
—Para mí no lo es. Porque cuando uno llega a determinado estadio en el cual uno abandonó dogmas, parece bastante razonable que uno después siga por el camino de la racionalidad. Conozco muchos ateos que no son para nada racionales.
—Muchos. Que son los que le hacen daño al ateísmo.
—Sí. La verdad que sí. La decisión racional es aceptarse como ateo. Llega un momento de la vida es que uno se detiene y se pregunta si tiene fe, si la siente, o si no la tiene. Si la fe no rige mi vida tengo que tomar una decisión. O sigo actuando y obedeciendo a un sistema que se basa en la fe. O construyo mi propio sistema de creencias. Ahí está la decisión racional.
—¿Qué es la fe entonces?
—Un sentimiento. Lo pongo en el dominio de las emociones. Por eso es difícil de definir. Como el amor. Cada uno tiene una concepción diferente. Sí hay una coincidencia de cómo se comporta cuando uno siente eso. Habría que ver si existe la fe.
—¿Podrías poner en duda la existencia de la fe?
—Es que al no poder definir bien qué es…
—Pero la fe se ve. Incluso a lo ojos del que no cree. Los fieles, las construcciones, los comportamientos. Podríamos nombrar mil situaciones.
—Se ven las manifestaciones de la gente que tiene fe.
—Sí, lógico, pero son manifestaciones de una profundidad y una intensidad que mueven el mundo. Literalmente.
—Sí. Hay un libro interesante de Daniel Dennett, filósofo, para mí uno de los grandes pensadores, que se titula Romper el hechizo. Y trata este tema de la fe. Tira muchísimas hipótesis. Es un filósofo que construye su pensamiento desde el sustento científico. Cuando desarrolla qué es esto de la fe desarrolla teoría evolutivas a partir de dónde empieza a manifestarse, busca los lugares de cerebro y demás. No hace filosofía con ideas aisladas, busca herramientas y después construye filosofía. Una de sus hipótesis es que la fe se siente porque es útil para la supervivencia. Aquel que pelea con vocación religiosa llega hasta el final. En un ejército de personas racionales, la mayoría no elegiría morir por una causa o por una idea. La fe, por ejemplo, puede ser una herramienta evolutiva de supervivencia. Y la fe pudo haber quedado desde esos tiempos.
—Como si la batalla hubiese terminado. Podríamos discutir si terminó. Parece bien armada esa hipótesis, pero aun así, la fe está.
—Está, pero es difícil saber qué es. Sabemos que la gente que tiene fe se comporta de determinada manera. Pone la fe por sobre la razón. Porque la fe es la aceptación de algo sin la necesidad de una explicación.
—¿Los ateos tienen creencias?
—Sí. Los ateos tenemos muchísimas creencias. Pero no son de tipo dogmático.
—¿Incluso creencias irracionales?
—Partamos de una base, todos tenemos sistema de creencias. No se puede vivir sin un sistema de creencias, es lo que nos permite vivir ágilmente. Y sí, los ateos tenemos creencias subjetivas e irracionales. Esto es muy interesante y no se escucha demasiado desde el ateísmo. Yo hago una diferenciación entre creencias: fundadas e infundadas. Las fundadas son las que tienen argumentos muy sólidos, con demostración matemática, validadas. También están las fundadas con márgenes de error, las estadísticas, por ejemplo. Pero también están las que no son fundadas, que no puedo saber si son ciertas o no. Por ejemplo, el amor de pareja. Yo creo que mi pareja me ama, pero no puedo saber si me ama, ni siquiera con su comportamiento puedo saberlo, pero lo acepto y le creo. Son creencias no racionales que nos permiten vivir.
—¿Y cuál es la diferencia con el que profesa una fe religiosa?
—La diferencia con el dogmático, que arma sus creencias por fe, es que cree que son verdades. El que tiene un sistema de creencias irracionales e infundadas fuera del dogmatismo sabe que son subjetivas. Ahí está la gran diferencia. Mis creencias subjetivas son sólo válidas para mí y ni siquiera sé si son del todo verdaderas. El que arma creencias subjetivas por la fe las ubica en el terreno de lo incuestionable.

La charla, de a poco, permite preguntas abstractas que, estoy seguro, van a tener respuestas concretas. El traslado de lo abstracto a lo concreto parece la especialidad de Lozada. Casi como un juego: construir argumentos racionales para todo. Explicar el mundo. Este mundo. El que se toca, el que se puede definir como real, el que se mide y se transforma. Y ponerlo por encima de otros mundos, los mundos celestiales, por ejemplo. Si es que existen.
—¿Qué es el alma?
—Yo prefiero usar la palabra espíritu, por una batalla del lenguaje elijo la palabra espíritu. Pero se puede aplicar a cualquiera de las dos. Para mí, el espíritu es el ordenamiento particular de la materia orgánica en un momento determinado que al mismo tiempo es cambiable. Y que finalmente es una propiedad emergente de un sistema complejo. ¿Quedó medio raro?
—Se entiende. Pero puede haber un componente místico en esa explicación.
—¿Por qué?
—Porque de alguna manera no tenés certeza de ese ordenamiento. No lo podés explicar, da lugar a muchas hipótesis, entre ellas la mística.
—Es que tampoco podés explicar la cantidad de probabilidades de un sistema neuronal. Los sistemas complejos tienen propiedades emergentes. El espíritu o el alma sería una propiedad emergente a ese sistema complejo, que se manifiesta en nuestro carácter y en nuestra personalidad. Y es cambiable. Mi espíritu es distinto al de hace diez años y va a ser distinto al de dentro de diez años.
—Es interesante que un ateo no niegue la espiritualidad.
—Creo que es importante dar batalla en ese terreno. Yo no niego la espiritualidad, todo lo contrario. Pero no es lo mismo que para un creyente. El espíritu es lo que vos podés hacer con ese ordenamiento de la materia. Las religiones dan recetas para la espiritualidad y no todas las acciones que te piden esas recetas son gratificantes. La no creencia en dios ni en los dogmas te da un amplio margen de libertad para explorar tu espiritualidad. El ateísimo, bajo esta perspectiva, es muy espiritual.
— Es estratégico lo que decís. Te querés apropiar del concepto de espiritualidad y llevarlo también para el ateísmo.
— Por supuesto. Más que apropiar, prefiero hablar de recuperar la espiritualidad.
—¿Por qué creés que hay tantos creyentes si la refutación de dios y la explicación del alma es tan racional?
—Habría que ver si los que creen realmente creen o aceptan. Que no es lo mismo. Una cosa es creer y otra arrastrar cuestiones culturales.
—A ver. Desde la explicación científica queda bastante claro que es altamente probable que dios no exista. Aún así se sigue creyendo.
—Hace poco Stephen Hawking explicó que dios era innecesario. Y si un dios es innecesario… bueno.
—¿Por qué? Es muy interesante la idea de un dios innecesario. A lo que voy: la creencia no tiene nada que ver con el desarrollo de la razón.
—Eso va con la idea de que no se puede elegir ser ateo o creyente.
—Todavía no puedo entender esa postura. Es como si no tuvieras libertad de ir en un camino inverso a lo que ya te fue asignado desde algún lugar.
—Es muy difícil creer que vos vas a tomar esa decisión desde un lugar de comodidad. Me resulta imposible ponerme en el lugar de un creyente. Yo no tengo la componente fe. Y no puedo desear tenerla. No puedo hacer ese simulacro.
—¿Y por qué no creer?
—No le veo el sentido. El fin último para mí es la felicidad. La creencia no me suma a mi felicidad.
—¿No pueden convivir la fe y la razón en la misma persona?
—Hay gente que vive así. En mi caso, la aceptación de algo que no se puede explicar no me sirve de nada.
—¿Por qué todo tiene que tener necesariamente un propósito?
—Adoptar una creencia no me va a hacer más feliz, ni va a mejorar mi vida. No tiene ventaja, no la encuentro. No me suma a la felicidad. Y tengo espiritualidad, no necesito fe para mi espiritualidad.
La charla podría durar meses. Siglos. Y las preguntas y las respuestas seguirían apilando argumentos para explicar lo que todavía nadie pudo explicar. Estaría bien reflexionar si algo, lo que sea, se puede explicar, si existen explicaciones definitivas. La prioridad, cosas que pasan en esto de andar pensando, la tiene dios. Una idea. Una palabra. Cuatro letras que logran, por la negativa o por la afirmativa, mover los hilos de la sociedad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)